Conciertos

 

26-03-2010

Zach Williams & The Reformation. Sugarpop, Granada


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Greñas hirsutas, sombreros tejanos y pañuelos jaspeados. Zach Williams y su banda, The Reformation, se afanan en cumplir a rajatabla el decálogo del rock sureño. Vertiente poco visible en el maremágnum de conciertos que todos los meses avivan Granada. La sala Sugarpop menguaba –todavía más– ante una formación robusta, de hechuras amplias y grosor panorámico. La última propuesta procedente de la Norteamérica rural desde la visita de Blackberry Smoke. Los de Arkansas siguen la estela trillada por Lynyrd Skynyrd y –¡cómo no!– los manoseados Black Crowes, a los que citaron con explicitud en el bis final. Viñetas del Misisipi granjero en un ponderado pero espléndido baño decibélico.

Abundancia de medios tiempos, como manda el canon. Y la poderosa estampa de hasta tres guitarristas alineados. Atención al intercambio de solos: el uno con slide, el otro punteando a su aire. Doblando, si es menester, todo un enjambre de riffs que gimen y lloran. La voz de Williams posee los aditivos necesarios de ajamiento y turbiedad. Fuerza natural cuando uno observa la corpulencia imponente de los músicos que le acompañan. Mucha reciedumbre sobre el escenario. O buena percha, como gritó un asistente cuya melena terminaba en la hebilla del cinturón.

Zach y los Reformation hablan poco. Prefieren expresarse a lo largo de un set-list meticulosamente configurado. Una colección de canciones de inclinación vertical hacia el blues eléctrico de Allman Brothers. Resortes de rock duro, fraternidad góspel y boogie bullicioso para su engrasada maquinaria de rompehielos. ¿Un defecto? Tanta gala de raíces termina por incurrir en la misma reiteración que sus progenitores.

Autor: Eduardo Tébar

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