Conciertos

 

14-12-2009

The Sonics. Heineken, Madrid


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Las epopeyas de Roger Waters en el hilo musical de la sala Heineken parecían una provocación sardónica. Cartel de todo vendido en la puerta y reventa activa para asistir a un concierto único, histórico. Quién sabe si irrepetible. El público de los Sonics, entre el que se dintinguían acentos de casi todos los rincones de España, aprecia la inmediatez y el descuido como valores al alza en el rock. Desde luego, 'The wall' no era el disco más apropiado para enardecer el bailoteo de un tipo educado sentimentalmente con 'Strychnine'. En cualquier caso, la segunda fecha en nuestro país -tras la actuación en Bilbao la noche antes- de Gerry Roslie y sus comparsas resultó una ceremonia apoteósica. Aluvión de himnos del subsuelo, sonido implacable y lucidez geriátrica de unos músicos sexagenarios en su mayoría.

Los Sonics se anticiparon al punk y afianzaron la sucesión generacional del 'garage'. La notable presencia de seguidores por debajo de la treintena define el signo de los tiempos. No en vano, los de Tacoma apadrinaron una detonación cultural vivísima cuarenta y cuatro años después. La lista de grupos que se lo deben todo a la banda de Gerry Roslie (Cramps, Fuzztones) acabaría con los depósitos de tinta. En 1965, cuando los discos todavía se grababan en un par de horas, una precaria versión mono podía reinar el paraíso de la onda media. Así, la primera colección de canciones de los Sonics dinamitó para siempre la inercia del rhythm n’ blues y del rock n’ roll.

Explosivos en su revisión de Chuck Berry, Little Richard o Rufus Thomas, le prendieron fuego a la década anterior saturando las guitarras eléctricas de fuzz. Ellos se revolcaron en la mugre, se emborracharon de estricnina y originaron una sónica incendiaria. Colocaron la tornillería a la vista para facilitar el rumbo de los conjuntos del futuro. Ensuciaron las perlas de la factoría Motown desde el bastión libertario de Ettiquette Records, auspiciado por el entonces bajista de los Wailers, Buck Ormsby.

Don Wilhelm, bajista de The Daily Flash, asume ahora gran parte del protagonismo vocal. No, Gerry Roslie no está para desgañitarse durante todo un recital. Por eso, dosifica el vigor intacto de su garganta sentado a los teclados. Ricky Lynn Johnson -baterista del combo garajero de Ron Gardner- sustituye con su robustez las convulsiones diletantes de Bob 'Boom Boom' Bennett. El guistarrista Larry Parypa, por su parte, repite los esquemas exitosos de antaño. Quizá, con menos pringue y más virtuosismo que entonces. Rob Lind, con su saxo ametralladora, otorga elegancia y distinción a la jarana. La reunión de los Sonics versión 2007 luce por los escenarios con dignidad y forma. Posiblemente, más engrasados que sus colegas The Trashmen.

Por encima de todo, Madrid vibró con una hilera de temazos. Singles que, uno por uno, nutren la colección de cualquier amante de los siete pulgadas. 'Cinderella', 'Psycho', 'Boss hoss', 'The witch'... Gasolina para una audiencia entregada. “Una noche inolvidable”, comentaba entre suspiros el prestigioso Dj andaluz Sergio Bastida, recién llegado de Nueva Orleans con una maleta desbordada de vinilos. Las alusiones al frat de The Kingsmen ('Louie louie') y a las bacanales de Huey “Piano” Smith ('Don't you just do it') colocaron la guinda. Sí, los Sonics agitaron a sus nietos.

Fotografía: Raúl Ranz

Autor: Eduardo Tébar

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