Entrevistas

 

15-11-2010

The Pauls: “Para hacer música necesitas vivir”


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Apenas ha dado tiempo a que el público comience a entrar en la sala. Una línea de bajo y la voz de Carlos Oliver, líder de The Pauls, arrancan con “Sleeping on the sidewalk” de Queen en la presentación en Madrid del último trabajo de la banda, “Miss Tokio meets her lover” (2010). Una presentación un tanto sui géneris porque como el mismo Carlos comentó mientras compartíamos terraza y café: “nuestra distribuidora ha quebrado, el disco está terminado y fabricado pero no está en las tiendas. Pero bueno, ya veremos que hacemos”.  

El rico y pulcro sonido de The Pauls, nombre homenaje a los varios Paul del rock (McCartney, Weller, Simon), está presidido por inteligentes melodías que navegan entre el pop y el rock, aunque también hay espacio para otras influencias. Arrancaron su andadura a finales de 2001 y en 2002 ya publicaron su primer larga duración, “Champion of the World”, además de colocar uno de sus temas en un anuncio televisivo. En contra de lo que pueda parecer, no fue un comienzo fácil y rápido. “Todo el mundo piensa lo mismo pero… ¡ese disco casi me mata! No había banda y yo hice todo el trabajo prácticamente solo”. En cuanto a la inclusión de “If you love me” en  el anuncio señala: “Colar una canción tuya en la televisión siempre es cuestión de suerte. Tenía un amigo que trabajaba en eso y buscaba una música en particular. Hablando con él me dijo: “hey, mándame algo que se parezca a esto”. Como estos no saben bien lo que buscan, además de enviarle lo que me pidió le envié tres cosas más. Una de esas tres cosas fue la que salió en el anuncio”.   

El trabajo sigue con “Last Sunday” (2004) y al año siguiente marchan a Nashville para la grabación de un tercer trabajo que ha permanecido inédito. “Me flipé” prosigue Carlos “La verdad es que me flipé demasiado. Hubo muchos problemas, la banda estaba rota y al final no lo editamos. No me gusta como suena, suena demasiado americano, no country, sino americano. No lo he vuelto a escuchar desde que lo hicimos. Algunas canciones las hemos utilizado después y el resto están inéditas”. De todas formas disfrutaron la experiencia al máximo. “Estuvimos un mes allí y conocimos a la creme de la creme de la industria: productores, músicos. Nashville es como un pueblo y allí todo gira en torno a la música. El camarero que te sirve el café, a lo mejor es un músico en activo con tres discos en el mercado y el que está al lado también. No hay mucho que hacer allí, quizá a ir a bares pero ir con americanos es muy difícil, tienen que ser amigos tuyos. Hay una calle muy famosa con los bares para turistas, otra donde a ambos lados están todos los estudios de grabación, nosotros grabamos en uno de esos y no hay más, es muy pequeño”. En cuanto a la diferencia de grabar aquí y allí, señala: “Ellos no son mejores que nosotros. Lo que pasa es que ellos si que tienen las herramientas para vestirlo mejor, que luzca más. Nashville tiene la única universidad del mundo con la carrera de manager musical. Todo es muy profesional. Los técnicos por ejemplo son técnicos, no se meten a productor, hacen lo suyo y tratan al músico con mucho respeto para que esté bien, tranquilo, centrado”.  

Recompuesta nuevamente la banda y sin pérdida de tiempo publican “Mis Tokio” (2007), al que le sigue “A flair of dancing” (2009), trabajos ambos (aunque sobre todo el primero) que van a tener mucho que ver en el futuro de la banda. Por una parte contienen algunas de las canciones más emblemáticas del combo y por otra, son el germen del que surgió su último CD, “Miss Tokio meets her lover” (2010).  Nos juntamos y dijimos: ¿por qué no grabamos estas canciones tal y como las tocamos ahora?” y así nació la idea de revisitar varios temas de The Pauls y uno de The Bolivians (anterior grupo de Carlos), en una suerte de disco de versiones de temas propios. Dado que los temas habían crecido mucho en los directos del grupo, decidieron trasladar eso al CD. “Lo grabamos en tres días tocando en directo en el estudio. Hicimos dos sesiones en dos días seguidos, descansamos otro día e hicimos una tercera sesión. Pasamos mucho tiempo en el estudio pero con muchas pausas y descansos para evitar saturarnos”.  

“Miss Tokio meets her lover”, como viene siendo ya habitual se lo ha autoeditado el grupo a través de Two Mad Records. “Es mejor editar un disco cada seis meses que cada año, aunque a las multinacionales les parezca una locura. Hay muchas cosas que necesitan música y es bueno tener un catálogo propio amplio”. Así define Carlos la situación de la industria: “Hace décadas unos locos de la música montaron los sellos discográficos. Eran gente a los que les gustaba mucho la música y tuvieron mucho éxito y así surgieron las multinacionales. Ahora esa gente ya no está y han sido sustituidos por juntas directivas y directores artísticos que realmente no pintan nada. Esos locos de la música desaparecieron y a los que están ahora no les interesa la música. En la actualidad cualquiera puede tener una editorial y sacar un disco y eso es muy bueno, pero ya no existe el filtro que hacían antes los sellos, ya no hay editores. Al igual que saco yo un disco lo pueden hacer muchos otros, así que al final los nuevos editores que filtren todos esos discos al público serán las radios, los gurús musicales que siempre ha habido y ahora también con los blogs, y gente parecida”. 

Autoeditarse un trabajo discográfico y realizar todas las labores extramusicales es algo complicado: “Solamente tocar la guitarra ya es un trabajo a tiempo completo. Solamente cantar ya es un trabajo a tiempo completo. Yo tengo suerte de tener a una persona en la oficina que me ayuda con todas las cosas, pero no todo el mundo puede. Para mí sería muy triste estar metido en una habitación con un ordenador distribuyendo discos. Para hacer música necesitas vivir”.  

En cuanto a las descargas por Internet, lo tiene bien claro: “Estoy totalmente en contra. Paso mucho tiempo con mi amigo el internauta discutiendo en Internet sobre eso. Siempre me dicen los mismo, que es bueno para nosotros, que nos da publicidad. Cojo todos sus argumentos y se los rebato uno a uno, pero siguen diciendo lo mismo. Es como si yo me pongo a hablar de cualquier tema que no conozco desde dentro. Yo que sé, por ejemplo de la inmigración. Yo de eso no sé nada, solo te puedo comentar un par de cosas que veo por ahí, pero nada más, no es algo que yo conozca. En cambio todo el mundo me dice que es bueno que se descarguen mis canciones”. 

Carlos es también responsable de algunos videos de animación del grupo, como “Bubbleman” o “Bandages for broken ones”. “Siempre me ha gustado dibujar, esos videos los hago en casa y cuando explico a gente que sabe cómo los hago… ¡alucinan!  Sonríe mientras piensa en lo precario de su técnica.  

Tanto en la grabación de “Miss Tokio meets her lover” como en directo The Pauls suenan casi perfectos y muy naturales a la vez. Todo está en su sitio, arreglos en improvisaciones potencian la musicalidad de los temas y no pierden la frescura, pese a la gran calidad técnica de los componentes de la banda. Carlos tiene estudios de conservatorio pero no es el único de los Pauls que tiene formación clásica. Sin ir más lejos el guitarrista Willie Planas toca el chelo en una importante orquesta, y según Carlos “es un gran arreglista”. En torno a los músicos clásicos matiza: “Son soldados. Para mí muchos tienen una vida creativa deprimente, se limitan a reproducir lo que hay en un papel y si se lo quitas, no saben que hacer. Esa es una raza, la de los soldados. Luego hay otra, que también son soldados pero que disfrutan tocando otra música: estudian improvisación, tocan jazz, rock. Y luego hay otra tercera raza que van al revés, de esta me he encontrado con muy poquitos en mi vida, tres o cuatro quizá. Por ejemplo, una chica que toca la viola con la que estamos empezando a tocar ahora, a ella le gusta el bluegrass y luego toca clásico”. Entre tanta formación académica se producen discusiones entre lo que es correcto o incorrecto musicalmente hablando: “Discutimos mucho sobre eso, sobre todo con el teclista. Un mi mayor o un mi menor no significa nada por si mismo, sino es cómo lo vistas. Siempre digo lo mismo: hay que romper las esquinas”. 

Al hablar de The Pauls es inevitable hablar del otro Paul. “Soy feliz desde que he grabado ese disco” bromea Carlos sobre el proyecto de su alter ego Paul Zinnard y primer lanzamiento: “Songs of hatred and remorse” (2010). Una colección de canciones artesanales y desnudas, grabadas con una guitarra acústica y apenas algunos arreglos de cuerda en el que planean las sombras de gentes como Bod Dylan o Neil Young y  que le está dando muchas satisfacciones al líder de The Pauls.  Nos están saliendo muchas fechas, incluso hay una fuera de España. Soy yo con mi guitarra y un chelista, tenemos un repertorio de una hora, hora y cuarto que la verdad es muy compacto. Da mucha libertad a la hora de viajar, de hacer cosas, puedo llegar el día antes del bolo y hacer radios. Imagínate, con The Pauls necesitamos una furgoneta y mover a cinco personas”.

Autor: M. A. Velaza

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