Conciertos

 

17-07-2011

The Beach Boys. Puerta del Ángel, Madrid


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Mi lado racional no concibe a los Beach Boys sin el genio de Brian Wilson. Mi lado emocional me decía que tenía que ir a esta única visita a España que realizan en su gira 50º aniversario.

Venían tan solo con Mike Love como chico de la playa original y con Bruce Johnston como segundo veterano, unido al combo en 1965. ¡Ojo!, máximo respeto por Johnston. Su labor en los estudios angelinos, composiciones, producciones y grabaciones previas a su adhesión a la mítica banda, poseen un interesante valor en la cimentación del género; que le pregunten al batería Sandy Nelson, al colgado de Kim Fowley, a Bob Keane (fundador de Del Fi-Records) o a su amigo Terry Melcher, con quien formó el dúo Bruce & Terry o creó y produjo a bandas como The Rip Chords.

Surfin’ is the only life, the only way for me… su primer éxito de 1961 sonó por los altavoces mientras los músicos salían a escena, recibían los primeros aplausos y ocupaban posiciones para acabar ellos con el tema. Arranque surfero encadenando “Catch a wave”, “Surfin safari” o aquel “Surf city” que Brian Wilson compuso junto a Jan Berry de Jan & Dean. La banda sonaba bien, la batería demasiado pesada, pero los falsetes del bajista y las armonías de las cinco voces participantes mantenían el tipo frente a unas canciones que dependen de los buenos juegos de cuerdas vocales.

El repertorio, como tenía que ser, se centró en los grandes éxitos, y salvo alguna excepción (como el “Kokomo”) fue básicamente extraído de los años 60. No faltó una buena andanada de baladas, “Surfer girl” sonó sensacional mientras Love animaba a las 3000 personas asistentes a usar las pantallas de sus móviles de última generación como mecheros. El momento hot rod llegó enganchando “Little deuce coupe”, “409” y “Shut down”. Sonaron potentes. También lo hicieron el “Get around”, “In my room”, “California girls”, el “Do you wanna dace?” de Bobby Freeman o los cortes extraídos del “Pet sounds” (“Wouldn’t it be nice”, “God only knows”, “Sloop John B”…). Por otra parte derribaron con terrorífico sonido la obra arquitectónica que es el “Good vibrations”. Y la apuesta de dar papel protagonista al hijo de Mike Love como cantante solista en varias canciones, de sacar a la hija a poner voz a una pieza, o invitar a unas jovencitas a “bailar” de forma tan planeada hicieron que la sirena de los coches de choque volviera a sonar en mi cerebro.

Interpretaban el “Surfin USA” (ya sabes, un plagio del “Sweet Little sixteen” de Chuck Berry, aunque este tardó unos cuantos años en conseguir que así lo acreditaran) cuando se me pasó por la cabeza cómo se podría medir el nivel de caradura que puede alcanzar un grupo, y de ser eso posible, cómo cuantificaría lo de estos Beach Boys que tenía delante. Acababa el “Fun fun fun” y se despedían entre aplausos, el público rendido a la magia de esas canciones. Cómo debe de ser. Yo también me divertí y disfruté muchísimo escuchando esa banda sonora de nuestras vidas. Pero aún así no podía evitar salir del recinto con una sensación entre la alegría y el sonrojo, entre la nostalgia y la horterada, entre las buenas vibraciones y la sensación de haber tenido delante a unos jetas armados con buena música. 

Autor: Diego R. J.

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