Conciertos

 

24-09-2009

Steve Earle. Sala Bikini, Barcelona


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Retornaba a la ciudad condal el cantautor norteamericano tras cosechar división de opiniones en su anterior, e igualmente acústica, visita. Varios son los condicionantes que hicieron de aquella presentación un coitus interruptus. La primera un llenazo inusitado para un concierto de esas características. Lo que provocó que a la media hora sus canciones se emborronaran con la charla general del personal asistente más allá de las primeras filas, cabreando incluso al propio músico que se encaró en varias ocasiones con los alborotadores,  creando un ambiente tenso que lastró el desarrollo del bolo. Influyendo también la excesiva duración del mismo tratándose de un show acústico y la aparición del DJ invitado que no acabó de cuadrar mucho a la audiencia. Y no cabe duda que se notó. De una sala a rebosar pasamos en esta ocasión a ser un par de, justitos, cientos los que acudimos de nuevo a encontrarnos con él. Abrió la velada Hendrik Röver, líder de Los Deltonos, cada vez más cómodo en su encarnación de cantante folk. Su primer disco en ese formato, Esqueletos, fue la línea conductora durante el breve tiempo del que dispuso. Gustó y se gustó. Aclaró el honor que para él era poder abrir la gira de uno de sus ídolos y demostró una evolución palpable en su voz, cada vez canta mejor, especialmente en una sentida versión de Charlie Rich, y ganando en confianza ante la tesitura de presentarse armado solo de su guitarra acústica y su harmónica. Estrenó un par de temas nuevos que irán su próximo trabajo en solitario y, como nos comentó luego, Los Deltonos ya están también preparando disco. Apareció Steve algo cabreado y un poco a disgusto, vaya usted a saber la razón, pero tras la intensa interpretación de “FT Worth Blues” la anterior impresión se desvaneció por arte de magia y borró, a golpe de genio, figura y canciones, el mal sabor de boca que nos dejó en su anterior gira. Pese a presentar el disco de homenaje a Townes Van Zant, y sin olvidar la valía del inmortal legado del desaparecido intérprete tejano, lo que realmente brilló, y mucho, fue su propio repertorio. Lecturas desnudas y en tensión de joyas como “Hardcore Trobadour” “Goodbye”, “Someday”,  “Jerusalem”,  “My Old Friend The Blues”, “Copperhead Road”, “I Ain’t Never Satisfied” o esa conmovedora elegía que es “Christmas in Washington” sonaron como incontestables clásicos contemporáneos. Amparado en la sangrante expresividad de su voz, en su magnética presencia y en el enorme carisma que despliega, explotando su pasado patibulario y su credibilidad como portavoz de causas justas, dio la razón al maestro Ignasi Juliá cuando escribió en la revista Ruta 66 que siempre hay que encontrar el momento para escuchar lo que este hombre tiene que decir. No sé si en estos tiempos que corren sucederá así. En otra época Steve iría camino de convertirse en leyenda.

 

Fotografía de Steve Earle en Madrid por Nacho Cordero

Autor: Manel Celeiro

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