Conciertos

 

23-05-2013

Spectrum Songs The Spacemen Taught Us. El Sol, Madrid


1

Con la  sala prácticamente abarrotada, Pete Kember (aka Sonic Boom) nos “enseñó” en poco más de una hora porqué su figura ha alcanzado la categoría de mito. Tan sólo ocho canciones le bastaron para repasar una trayectoria que estilísticamente no ha variado ni un ápice en sus casi treinta años de carrera: rock and roll psicodélico. Cada vez más psicodélico. Cada vez más minimalista. En busca del acorde perfecto. Tal y como él dice: lo mejor es un acorde, cuatro es virtuosismo.

Me imagino que el camino hasta encontrarlo no ha sido sencillo. Su mirada perdida y su semblante escuálido reflejan horas de alucinada investigación en compañía de sustancias de todos los colores y aromas. Semanas, meses y años atrincherado en algún habitáculo en compañía de sus teclados, pedales y guitarras para sumergirse en busca de la excelencia sónica. Para nuestra suerte, no sólo la ha encontrado sino que además sale de gira para mostrárnosla. Para la ocasión le acompañaban Will Carruthers al bajo, John Holt a la guitarra y Roger Brogan a la batería.

Al frente de su teclado y con la guitarra a la espalda a modo de sable comenzó la muestra versionando Ché, de sus paisanos extraterrestres Suicide. Un servidor llegó justo cuando tocaba los últimos acordes. Una vez conseguí acomodarme en un lugar con buena visibilidad,  ya habían afrontado Lord I Don´t Even Know My Name con su sutil punteo de guitarra balanceándose entre los sonidos de organillo de iglesia. A continuación, el clic de un metrónomo anunciaba la llegada de Angel, una pieza en la que se van sumando instrumentos poco a poco: una sencilla línea de bajo, un punteo de guitarra distorsionado, unos teclados, la voz grave de Pete contándote lo que una vez le dijo su madre y así sucesivamente hasta alcanzar el clímax gracias a otro órgano marca de la casa. El grado de obsesión del británico con el sonido es tal que, durante todo el concierto, no paró quieto ni un segundo para ajustar un cable, mover unos centímetros un amplificador o hacer indicaciones a la mesa de mezclas cada vez que algo no sonaba a su gusto.

How You Satisfy Me consiguió otra ovación del respetable pero, para sorpresa de todos, al finalizar la canción Pete y los suyos se marcharon del escenario como si no fuesen a volver jamás. ¿Cuatro canciones y ya está? ¡No podía ser posible! En efecto. Al cabo de unos minutos volvieron para interpretar When Tomorrow Hits de los Mudhoney.  Una atronadora descarga escupida por la guitarra de Pete nos advirtió de lo que se nos avecinaba a continuación: ni más ni menos que Revolution. Si hubiese una canción capaz de derrocar al Capitalismo sería ésta. Con el público ya de por sí entregado, esos dos malditos acordes lograron hacernos enloquecer a todos. Al escucharlos mi cuerpo puso en alerta mis defensas como si de un ataque vírico se tratase. Ese sonido no se me olvidará jamás. Ni a mí, ni a más de uno que no daba crédito a lo que escuchaban sus oídos. Recuerdo como un espectador de la primera fila se echaba las manos a la cara incrédulo de su dicha. A medida que avanzaba la canción, el sonido de la guitarra se iba ensuciando cada vez más y más. El bajo no paraba de hacer figuras, la batería era un martillo pilón. De haber seguido un minuto más, ese maldito riff de guitarra hubiese hecho volar en pedazos todos los edificios de la calle Jardines, Montera y la Puerta del Sol. Afortunadamente para las maltrechas arcas de nuestro municipio, el sonido cesó. De nuevo Pete abandonó el escenario despidiéndose de todos y de nuevo, pasados unos minutos, volvió con la traca final. Con Undo Taboo y Suicide, canción en honor a sus queridísimos Suicide, pusieron el broche a una noche memorable y que será difícil de olvidar.

 

 

Autor: Pablo Borrero Fraile

Bookmark and Share