Conciertos

 

07-03-2014

Shooter Jennings. La Casa del Loco, Zaragoza


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Es triste ver cómo una figura tan importante del rock americano reuniera tan poco público en Zaragoza. Supongo que serán varias las razones. Una de ellas, el hecho de ser un artista poco conocido por estas tierras. Pero no hay excusas que valgan cuando hablamos de disfrutar de un buen show de rock and roll. Y eso es lo que fue. Shooter ofreció un directo sublime a la altura de los grandes. No es para menos, ha mamado toda la sabiduría de sus padres y a día de hoy, transformado en una reencarnación física de Waylon, su valía encima de las tablas crece cada vez más. Con un aspecto desaliñado con gafas oscuras que recuerda a la época decadente de su padre por una desgastada y agujereada camiseta con su rostro y ese inquietante tatuaje de un revolver que adorna su antebrazo, se mostraba la voz del sentimiento de una zona siempre deprimida e incomprendida de los Estados Unidos. Estaba acompañado por una joven banda, destacando sobre todo su guitarrista M. Lee que dio toda una lección de saber tocar las seis cuerdas incluso adentrándose en la parte final en otros terrenos musicales alejados del tradicional country americano. Shooter presentaba en directo su último disco “Other Life” y dio buena cuenta de él. Alternando la guitarra acústica con la eléctrica fue desgranando las canciones de “Other Life”, alcanzando unas veces la saturación en la magnífica “Mama It’s just my medicine” y en otras, la falta del componente piano como en “Wild & Lonesome”, una bonita canción que ha cantado junto a Patty Griffin. Y es que todos nos preguntábamos cuándo iba a usar su teclado postrado delante de él como elemento decorativo. Le siguieron “4th of July”, enseña de un forajido que proclama gloria y libertad y la versión del himno “redneck” de Steve Young “The White Trash Song”. Fue en los bises cuando nos entregó dos piezas profundas de piano “Wake Up!”, “All This Could Have Been Yours” y un enésimo “Manifesto”. No hay mucho más que añadir. Shooter Jennings vino, vio y venció.

Autor: Rubén Vela

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