Conciertos

 

18-01-2010

Schizophrenic Spacers. Wurlitzer Ballroom, Madrid


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¿Los Escarabajos? ¿Las Piedras Rodantes? ¿Los Animales? ¡Bah! Nombres de bandas pintorescos cuya única función es provocar gracia al oyente pero que en ningún caso permite entrever lo que hay allí dentro. Si hay un nombre bien elegido es Schizophrenic Spacers, los define en toda su dimensión: vienen del espacio y sobre el escenario son esquizofrénicos. El psiquiatra del frenopático debería estar muy satisfecho con los avances que mostraban con su tratamiento porque les dio permiso de fin de semana. Lo que no se imaginaba el matasanos de Barcelona es que se iban a dejar conscientemente la medicación en la mesilla de noche. Su enfado fue nuestra diversión. Hacía meses que no se dejaban caer por Madrid, exactamente desde la fiesta homenaje a Thin Lizzy en la sala El Sol. 

En estos tiempos musicalmente convulsos donde las escenas musicales se comportan como células aisladas, indivisibles, y se menosprecia las preferencias del contrario, sobre todo si sus gustos derivan hacia lo grabado hace más de tres décadas, no goza precisamente de buena prensa la música de los 70 especialmente si tiene un regusto hard. Pero, hete aquí, el gran Sergio Martos (aka Lon Spitfire) inasequible al desaliento lleva más de una década con los Schizophrenic Spacers recorriendo la geografía nacional demostrando que a pesar de los excesos que hubo (y que aún nos perduran en la mente) en aquellos años se hizo muy buena música, y que es posible pasar un rato agradable escuchándola, cerveza en mano, disfrutando del potente sonido de los Esquizofrénicos de claras reminiscencias a lo mejor de lo mejor. 

Pese al rechazo que actualmente pueda generar el hard dentro del lobby musical (no nos engañemos, el rock clásico y el hard setentero no es cool: levanta sarpullidos entre la tropa intelectual, gafapastas, modernillos de Carrefour y existencialistas de luto), al final todos caen prendidos en cuanto a los Esquizofrénicos se les quita la correa y el bozal, agarran los instrumentos y asaltan el escenario a escape libre. El repertorio se basa mayoritariamente en composiciones de Sergio que combina perfectamente con su asombrosa voz. Amamantado con música de los 70, experto y coleccionista empedernido de discos de esa época, sus canciones inevitablemente están construidas con los mismos patrones —«Someday» es un pedazo de tema—, pero donde dan toda la talla, marcan la diferencia y es evidente que ponen mucha distancia de por medio con su predecesor es en las versiones: las de Dictators y Thin Lizzy encabronaron al público, la lectura de «Walking The Dog» de Rufus Thomas supera a la de los Flamin' Groovies y cuando se embarcaron con «My Generation» y «Won't Get Fooled Again» de los Who, sabían que habían vencido. Para embarcarse en esta última no vale cualquiera, hay que ser un manitas: el sonido del sintetizador de la intro lo generaban a partir de la guitarra. Impresionante. Fantástico concierto que sólo quedó deslucido por la escasa afluencia de público. Claro que esa noche la oferta en Madrid era generosa y muchos prefieren el calimocho del indie al rock gran reserva.  

Autor: Manuel Beteta

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