Conciertos

 

29-10-2012

Richard Hawley. Auditorio Edgar Neville, Málaga


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Justo a la entrada de la sala se había montado un tenderete para venta del habitual merchandising, utilizando como mostrador las cajas de los amplificadores, como en los viejos tiempos. Estas, abolladas y baqueteadas por multitud de idas y venidas por medio mundo, reflejaban en borrosas grafías los nombres a los que habían prestado servicio: por algún lado se podía leer Pulp si se forzaba mucho la vista, Jarvis escrito en un rincón, el nombre de su actual usuario por otro; un paseo por este mercadillo seudo discográfico servía para que los aficionados mas desmemoriados recordasen el currículo de Hawley, que aparecía poco después en el escenario con indumentaria fifties rocker total: chupa de cuero negra, vaqueros de pitillo con vuelta de cinco pulgadas, la viva imagen de algún miembro de los Black Rebel Motorcycle Club en el film de László Benedek. Si a este apresto indumentario le añadimos la espectacular colección de guitarras que exhibió el británico (preciosa Les Paul dorada, una Gretsch de caja de cálida sonoridad jazzistica, entre otras) tenemos la parte visual completada con éxito. Sobre esta atractiva parte estética, anecdótica si se quiere, añade el guitarrista de Sheffield una intensidad musical que se ha ido acrecentando en sus últimos trabajos, y que tienen su punto de inflexión en la muerte de su progenitor, acaecida cuatro años atrás. A partir de esa fecha marcada por el dolor y la introversión, ha entregado Hawley algunos de sus mejores trabajos, del que este “Standing At The Sky´s Edge” motivo de la presente gira es un paso más. Comenzando el recital por el tema que da título al disco, siguiendo con “Hotel Room” - el tipo de canción que cantaría Elvis si estuviera en este mundo - para sumergirse seguidamente en un exhaustivo repaso de este último trabajo, pleno de guitarras intensas y ramalazos psiquedelicos. Sobrio en escena, dando pábulo al lucimiento de sus músicos, solo cabría objetar en lo visto en la velada malagueña su excesivo ensimismamiento con algunas piezas que alargó quizás en exceso, disculpable en el caso de la preciosa “The Ocean” con la que cerró la velada, llevándola a un emotivo crescendo pleno de guitarras saturadas. Un recital que pellizcó el espíritu y emocionó a la veterana parroquia. Como en los viejos tiempos.

 

Autor: Manuel Borrero

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