Entrevistas

 

01-05-2011

Recordando el Agapo


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Desde 1985 y durante toda una década el Agapo fue un referente en el rock’n’roll madrileño. Las noches canallas de Malasaña convergían hasta este garito ubicado en la calle de la Madera. Por su pequeño escenario pasaron grupos y artistas hoy bien recordados. Desde su elevada cabina atronaban sonidos de garage o punk rock. En su barra se dejaban el hígado eminencias del rock junto a vampiros anónimos. Agapo Flashback Experience es una fiesta de homenaje a aquella época, aquellas paredes y a toda la gente que lo hizo posible. 

El domingo 8 de mayo, en la sala Rock Kitchen de Madrid, se celebrará la Agapo Flashback Experience. Para la ocasión se ha juntado un elenco de bandas que reencontrará a grupos ya desaparecidos con otros que aún aguantan en activo: Los Enemigos, Los Macana, The Nativos, Las Ruedas, La Uvi, Espasmódicos, Sex Museum, Los Corona, J Teixi Band, Glutamato Ye-Ye o Cañones y Mantequilla, Ana Curra o Sex Tatto. Santi Camuñas y los hermanos Quique, Marisa y Álvaro Ruiz regentaron este local. Es el último quien responde a nuestras preguntas.  

¿Cómo surge la idea de montar esta fiesta?

A principios de este año nos pusimos poco a poco a confeccionar una playlist en Spotify con las canciones más emblemáticas que sonaban en la cabina del Agapo. A partir de ahí empezamos a darle vueltas al asunto y a pulsar entre los amigos. La cosa fue tomando forma cuando conocimos de la rápida disponibilidad de los grupos y, más tarde, de la gente que ha respondido con entusiasmo a través de las redes sociales. Nuestra intención es celebrar todo aquello que sucedió en esos años y en ese sitio de la mejor manera posible. Es decir, con un concierto con los amigos con los que creamos y compartimos aquellos momentos. 

¿Cuándo abrió sus puertas por primera vez y cuándo se cerraron para siempre? ¿Qué motivó aquel cierre?

Se abrió el viernes 1 de marzo de 1985. En aquel momento los socios éramos los tres hermanos Ruiz: Marisa, Quique y Alvaro. Un par de años después su uniría como socio Santi Camuñas. Se cerró en el año 94. Pero sinceramente no puedo dar una fecha exacta. El acoso administrativo seguía su lento trabajo. En el 91 dejamos de hacer conciertos ante la amenaza de cierre definitivo. Después de apurar todos los recursos posibles la licencia fue denegada en el 94 y tuvimos que cerrar.  

Imagina que entras por primera vez en el Agapo, ¿cómo describirías el local a alguien que nunca lo vio?; tamaño, colocación de la barra, cabina, escenario, sonido, tigres, decoración…

La puerta del local era pequeña y pintada de negro. Después había una cortina de cuero negro que intentaba impedir que saliera el sonido a la calle. El local era rectangular y tendría unos 15 metros en la pared de entrada y unos 40 hasta el fondo del escenario donde se abría una pequeña puerta que daba paso a la oficina/camerino que no medía más de 3 por 2. Nada más entrar, a la derecha se encontraba la barra que se estiraba ocupando esa pared hasta más allá de la mitad del local. La pared de la barra estaba decorada con una trama psicodélica de rombos, estrellas y círculos en blanco y negro pintada a rotulador. A mano izquierda teníamos un Pin-ball y el mural de la pared representaba a todo color a un surfer zombie bajo una amenazante hola con un el grito “Whipe Out!!” en grandes caracteres. A cuatro metros de la puerta y encaramada entre dos columnas está la estructura metálica cuadrada que aloja la cabina para el pinchadiscos. Su base está a poco más de un metro del suelo y llega hasta el techo y presenta una estructura que la hace parecer una jaula que preside todo el local. Las dos columnas tienen pintados otros dos zombies de tamaño natural a todo color. Todos los elementos del mobiliario están pintados con colores fluorescentes y psicodélicos que brillan con la luz negra que flota por todo el local. Los techos están también pintados de colores con el mismo tipo de motivos decorativos. En la pared izquierda, a continuación del primer mural y la máquina de bolas se extiende una grada de tres escalones de medio metro de altura y otro tanto de profundidad para que la gente se siente o vea los conciertos desde allí. En la parte central del local hay media docenas de tubos metálicos verticales de suelo a techo que están pintados al modo de las barras de los tiovivos. En el lateral derecho, en el muro donde termina la barra hay un mural de dos metros de alto por cuatro de ancho que representa una orgía entre más de 20 personajes que realizan el acto sexual en todas las combinaciones y posturas imaginables y entrelazadas.  

El fondo del escenario tiene pintado una esfinge egipcia que se derrama en tramas de colores fluorescentes por las otras paredes y se mezcla con el resto de motivos psicodélicos. El techo del escenario está ocupado por una estrella de cinco puntas en perspectiva que sirve de marco para un desnudo femenino en postura muy explícita. La tarima del escenario tiene poco más de medio metro de altura y va desde la pared derecha hasta la puerta de los servicios. El escenario puede medir unos 10 metros de ancho por 5 de fondo y cuando no hay concierto una mesa de billar ocupa casi toda su superficie. Durante los conciertos la mesa de billar se desmonta y se coloca de canto pegada a la pared del fondo. Algún batería llegó a actuar desde encima del tapete. La puerta de los servicios está a la derecha del escenario con una cortina negra en su entrada. Los baños están absolutamente garabateados y permanentemente inundados.   

El sonido del local nunca fue de alta calidad. La música sonaba muy, muy fuerte y casi nunca sonaban “baladas” así que la gente tenía que hablar casi siempre a gritos o con la boca pegada a la oreja del interlocutor. O mejor aún, no hablar.  La noche se llenaba así de gestos, poses, muecas, miradas, roces, risas y gritos con la rabiosa música de fondo.  

En la historia de nuestras salas musicales, cronológicamente el Agapo abrió tras el cierre de Rockola, ¿llegasteis a plantearlo como un relevo en sus inicios?

Hubiera sido pretencioso, por no decir ridículo, plantearnos dar el relevo al Rockola. Esta acababa de cerrar pero, por el calibre del local, era imposible que el Agapo cubriera su hueco. En ese sentido, lo que el Agapo llegó a ser fue exactamente lo que nos propusimos: un club de música para músicos y gente con paladar musical. Un local justo un paso más allá del local  de ensayo donde presentar los nuevos grupos y las nuevas canciones de los grupos un poco más veteranos. 

Una jornada nocturna cualquiera en el Agapo tiende a recordarse con la palabra imprevisible. ¿Teníais esa sensación cada vez que subíais la reja?

Eso era exactamente lo nosotros sentíamos cada noche al entrar en el local y encender la luz. Y creo que eso era lo que la gente buscaba calle Madera abajo cuando venía a un concierto y acudía al bar después de cerrar el resto de bares del barrio. En el Agapo podía pasar cualquier cosa y, de hecho, la mezcla de gente que se juntaba propiciaba el encuentro sorpresa, el reencuentro inesperado o incluso indeseado.   

Entre todas aquellas noches del Ágapo me gustaría invitarte a rememorar una noche memorable, una de las que nunca olvidarás.

Es dificilísimo señalar una noche o momento como el más recordado. Hubo decenas de conciertos absolutamente emocionantes por lo que sucedía en el escenario pero creo que casi todos los músicos que estuvieron actuando allí podrán recordar que en el Agapo el público era de verdad un elemento con una presencia apabullante. Entusiasta y físico, erudito y participativo. Pero no solo durante los conciertos se alcanzaban climax colectivos. Puedo recordar noches en las que el “creschendo” que se alcanzaba con la sucesión de canciones que algún pinchadiscos administraba hacia el final de la noche, ponía a todo el personal presente en estado tal de excitación que la sesión terminaba con la gente contando a voz en grito cualquiera de los clásicos que repetíamos para la despedida, generalmente el “Stay With Me” de los Dictators. 

Y a la contra, ¿una que os gustaría poder borrar de la memoria?

Por mencionar algún anticlimax: alguna pelea que ocasionalmente se produjo en la puerta del local. En el interior de local apenas hubo ningún altercado violento porque yo creo que la música ayudaba a diluir ese tipo de impulsos.   

Por su pequeña cabina pasó lo mejor de los pinchadiscos de rock’n’roll de aquella época y creo que Kike Turmix ocuparían un hueco especial entre toda aquella cuadrilla.

Turmix fue absolutamente determinante a la hora de fijar la orientación musical. Tanto en la música como en la programación. Su amplio conocimiento de la historia del rock ‘n’ roll y su emoción desbordante por lo que descubría nuevo y le gustaba, se contagió enseguida a un amplio grupo de personas asiduas a las noches del Agapo donde siempre se hablaba de música y, sobre todo, se disfrutaba con ella. Igual que el propio Kike disfrutó toda su vida.  

Joe Strummer, Shane MacGowan, Johnny Thunders, Pata Negra, Camarón, Stiv Bators... ¿quién la lió más gorda?

Pues quizás fue Johnny el que con su actitud vital absoluta y radicalmente “outsider” nos dejó una impresión más “destroyer” que todos los demás. El concierto de Pata Negra fue otro de esos momentos inolvidables que provocó en muchos de nosotros un terremoto interior de profundo alcance.  

Garageros, punks o rockers desfilaban por la sala. Años de Franceses o Centuriones. ¿Era el Agapo territorio neutral?

Yo creo que no era neutral. Si queremos llamar a esas diferencias “guerra”, entonces no era neutral porque no había tregua. Pero también es cierto que llamarlo “guerra” es un poco exagerado y melodramático. Las noches de Malasaña eran muchísimos más divertidas que violentas y, por lo menos en el Agapo, las batallas se quedaban casi siempre en ese juego de gestos y poses del que hablaba antes. 

Recuerdo haber visto hace mucho un álbum en directo, grabado en finales de los 80 y en donde aparecían grupos como Enemigos, Sex Museum, Los Macana o Las Ruedas. Todos ellos van a reunirse de nuevo, con las formaciones de aquel momento, para esta nueva fiesta de homenaje al Agapo. ¿Ha sido difícil conseguirlo? 

Probablemente, el álbum en directo que mencionas sea precisamente el “Agapo Live”. El recopilatorio que, editado por Romilar D, presentaba precisamente a Enemigos, Sex Museum, Los Macana, Las Ruedas, Angel y las Güais y Los Cardiacos grabados en directo en el escenario del Agapo. El “Agapo Live” será ahora reeditado en cd por Subterfuge y se regalará con la entrada del AGAPO FLASHBACK EXPERIENCE. Munster realizará la reedición en vinilo.En cuanto dejamos correr el rumor de la idea de la fiesta todos los grupos se mostraron entusiastas. Algunos como los Enemigos se presentarán con una de sus más viejas formaciones, otros están en pleno lanzamiento de nuevo material como los Sex Museum y otros se van a juntar expresamente para la ocasión como Los Macana, Las Ruedas o The Nativos. 

 Al igual que ocurrió con el Rockola, el paso de los años ha llevado a convertir el Ágapo en sinónimo de una época, irrepetible para los que la vivieron, ¿pero tal vez idealizada por los que no estuvieron allí?

Eso parece inevitable. Con la disculpa de la fiesta estamos recopilando numeroso material gráfico verdaderamente espectacular. Muchas de esas fotos están hechas por gente no profesional que iba por el bar, pero otras muchas están hechas por fotógrafos ampliamente reconocidos y que estaban también recorriendo las primeras etapas en su profesión. Igual que muchos de los músicos de entonces. Con la fiesta también queremos acercar un poco todo aquello a mucha gente que no llegó a conocerlo pero que, por sus gustos musicales, hubiera querido disfrutarlo. 

¿Os habéis replanteado alguna vez la idea de intentar volver a montar algo similar o en las circunstancias actuales en las que se encuentra Madrid sería misión imposible?

El después del Agapo también sucedió. Para mucha gente que estaba allí y que participó y disfrutó de todo aquello, el día que se cerró el Agapo probablemente se  abrieran otras puertas, otras aventuras, otros desafíos. . Para algunos de nosotros ese después se materializó en el Revolver y el después de este se materializó en el Festimad… pero eso son otras historias. El Agapo es irrepetible pero no solo porque el tiempo pasa y las cosas cambian. Es irrepetible sobre todo por la gente. Porque la gente que podemos recordarlo ya no somos iguales y porque los que no están para recordarlo serían imprescindible. Por todos esos (y no son pocos)también va la fiesta. 

¿Recordáis aquel Madrid mejor que el actual para el rock’n’roll?

Madrid nunca ha sido bueno con el rock ‘n’ roll. Ahora tampoco lo es aunque siempre puedes dar una patada a una piedra y descubrir que saltan otras tres bandas nuevas que tienen mucho que decir.

Fotografías: Menchu Redondo

Autor: Diego R. J.

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