Conciertos

 

13-09-2012

Paul Heaton. Wurlitzer Ballroom, Madrid


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Hace prácticamente un año por estas mismas fechas, asistíamos a uno de esos milagros musicales que logran cambiarte toda una percepción y visión del pop, y a la vez ponía el dedo en la llaga sobre lo injusto de algunas carreras y la sordera generalizada en la que caemos todo el público de una manera desgraciadamente generalizada, tanto el simple consumidor de música cuando va en el coche camino del trabajo y le llega con el vergonzoso pasteleo de Kiss FM, como el comprador compulsivo que procura estar a la última en busca del hype más reciente y deslumbrante, y deja (dejamos) pasar en muchas ocasiones obras maestras que quizás no tenía tan lejanas.

 

El milagro del que hablo, por gentileza del quinto aniversario del Wurlitzer Ballroom, fue la visita por primera vez a España en solitario del célebre músico de Cheshire Paul Heaton, brillante vocalista de Beautiful South y de una de mis bandas fetiche, los Housemartins, una de esas bandas pop de apariencia inocente que escondían tras de sí ecos de rabia punk y poderosas cargas críticas de manera no explícita pero altamente inteligente. Ambas bandas procuraron a Heaton un merecido status de british pop star no reconocido en su carrera en solitario. Craso error. A pesar de que "Acid Country" (2010), que ya significaba su tercer album en solitario, gana a cada escucha hasta bordear la obra maestra, el trabajo de Heaton en solitario en nuestro país había pasado injustamente desapercibido. Por ello el emocionante concierto del pasado año fue una sorpresa para la gran mayoría de los asistentes, que con la piel de gallina nos perjuramos que no volveríamos a cometer el error de no seguir la pista actual de este titán.  

 

 

El listón respecto a la anterior visita estaba muy alto, y la publicación de su último trabajo "The 8th", una especie de ópera-pop más orientada a su interpretación en teatros y excesivamente dramatizada y narrada con escaso potencial melódico hacía intuir cierto miedo a que Paul no volviese a hacerse fuerte en la sencillez de su trío y la calidez de su voz.  Afortunadamente no fue así, y lo que presenciamos el pasado domingo bien puede considerarse una gozosa prolongación en el tiempo de su primera aparición en el escenario de la sala ubicada en plena Gran Vía madrileña. Como si se decidiese a regalarnos unos bises con un año de retraso. La misma joven y solvente banda de bajo, guitarra y batería sin alardes individualistas pero impecablemente ensamblados y sin margen de error en la ejecución. Heaton apareció en escena incluso con la misma chaqueta azul del año pasado, apoyado en su atril, sus gafas de pasta y su armónica, y ese aspecto entre un "casual" bebedor de pintas a la salida del fútbol y un profesor de secundaria de Yorkshire. Creo que no descubrimos nada a estas alturas si aseguramos que Heaton posee una de las voces más excepcionales y de mayor calidad de la historia de la música pop, una paleta de registros tonales que le permite llegar armónicamente donde quiera, apenas sin límites (siempre dentro del pop), ello sumado a la personalidad de dicha voz, lo cual da mayor rango de excepcionalidad a su mencionada calidad. De modo que Paul Heaton apenas necesita más que un micrófono para meterse a una audiencia en el bolsillo. Su garganta sirve de mecedora para una lectura del pop que se interpreta con tacto de seda, nadie puede quedar inmune al stendhaliano influjo de la belleza de la música de Heaton. Todo esto, evidentemente, es innato, su don natural. Pero la grandeza del músico ha de estar en ser capaz de trascender el propio regalo con el que ha sido dotado y buscar su propio camino, que posiblemente haya sido transitado anteriormente por quienes sirven de guía y faro para los buscadores de la melodía, y de eso en Gran Bretaña saben mucho. Heaton oficia conciertos cercanos, de distancia corta y sensible contacto con el público. Abundan las bromas y los speechs anecdóticos tanto sobre su carrera como sobre su almuerzo reciente. Se sabe transmisor de emociones, pero una vez sobre las tablas no por ello renuncia al sano oficio de “entertainer”. Musicalmente Heaton resulta ser un tipo de la misma cuerda que Ray Davies, Joe Strummer, Elvis Costello o Billy Bragg, es decir, alguien con cosas que contar encima de un escenario, manteniendo viva esa rabiosa llama de la música popular como un arma poderosa y más cargada de futuro que la poesía de la que hablaba Celaya. Así fue desgranando momentos sublimes, al igual que el año pasado muchos de ellos centrados en el colosal “Acid Country” y obsequiándonos con piezas nuevas que aún no han visto la luz, como por ejemplo un curioso tema de aire flamenco/surf (“Costa del sombre”), la imponente y sincopada “I’ve got some dancing to do” o un precioso bolero para mayor gloria de su guitarrista Johnny Lexus, uno de esos músicos que al igual que Heaton hacen de la sencillez una insondable virtud.   

 

 

Al margen de sus sorprendentes nuevas composiciones, el resto del repertorio fue similar al del pasado año, apoyándose en “Acid Country” (“Welcome to the south”, “Life of a cat”…), el recuerdo a los Beautiful South con el que despedir a la audiencia de esa leyenda del santo bebedor llamada “Old red eyes is back”, y los mismos cuatro temas de Housemartins que parece llevar siempre en su atril para este tipo de conciertos: “We’re not deep” y “Me and the farmer” como vigorosas y rejuvenecedoras píldoras energéticas, la desgarradora e intensísima “Build”, y el glorioso cántico espiritual a capella al estilo gospel en el que convirtieron en su día una bastante intragable canción de los Isley Brothers en su época más decadente llamada “Caravan of love”, y con la que reventaron los charts ingleses a mediados de los 80. Aunque para gloria espiritual la que alcanza Heaton y su joven banda cuando acomete otra lectura también a capella, en este caso del emocionante "A place in the sun" de Stevie Wonder, donde el lirismo vocal de Heaton logra alcanzar su máxima expresión. Se echó en falta la también emotiva "This house", uno de los mejores temas de "Acid Country" y con la que había cerrado el inolvidable concierto de 2011 entre el público y trabajadores de la sala finalizando su actuación desde detrás de la barra. Y es que no cabe duda de que pequeñas salas y pubs como el Wurlitzer Ballroom, con su calor y acogida, pueden funcionar mejor para la música de Heaton, pura alegría de vivir, de beber y de cantar. Dios te salve, Paul Heaton, por traernos otro pedacito de gloria.  

Autor: Pepe Kubrick

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