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10-12-2007
Otis Redding, dolor en el corazón
Otis está vivo. No, no lo he visto en un supermercado o en la cola del metro. Esas cosas sólo pasan con Elvis. Otis está vivo porque su legado sigue estando tan vigente como el día que murió. Como Elvis, por supuesto. Pero así como éste tenía una fama que
Otis está vivo. No, no lo he visto en un supermercado o en la cola del metro. Esas cosas sólo pasan con Elvis. Otis está vivo porque su legado sigue estando tan vigente como el día que murió. Como Elvis, por supuesto. Pero así como éste tenía una fama que sobrepasaba lo musical, en muchos aspectos y que ha “provocado” sus innumerables apariciones tras su muerte, Otis era simplemente un cantante. Simplemente. Nada más y nada menos.
40 años ya. Nada más y nada menos. 40 años sin poder disfrutar de nuevas canciones de una voz nacida para hacer algo muy grande. Una voz que, nos da la impresión, se fue demasiado pronto. Uno de esos giros del destino hizo que Otis Redding pasara a formar parte de los grandes que han dejado su vida en accidentes aéreos: Buddy Holly, Big Bopper, Richie Valens, Ronnie Van Zandt, Stevie Ray Vaughan, Johnny Burnette…Un giro del destino similar al que permitió que, a pesar de haber llegado como chofer a Stax, Jim Stewart le diera una oportunidad, cosas que Otis aprovechó para grabar “These Arms Of Mine”. Era el inicio de la leyenda.
Otis Redding es uno de los mejores cantantes de la historia de la música en cualquiera de sus estilos. No puede ser casualidad que su voz fuera la que desbancara a Elvis como mejor cantante del mundo en 1967 para la revista Melody Maker tras diez galardones consecutivos del Rey. Otis era todo fuerza, todo sangre, todo soul. La música entendida como parte de la vida o, simplemente, la música convertida en vida. Es evidente que podríamos hablar de un montón de canciones como ejemplo: “Mr.Pitiful”, “Respect”, “I’ve Benn living you too long”…La lista se haría interminable. Otis era el soul. Ni siquiera merece la pena entrar a discutir si era más grande que Sam Cooke o a la inversa. Es algo así como pretender quedarse con los Beatles y obviar a los Stones. Es limitarse demasiado. Y no vale la pena. Otis nunca decidió utilizar la música como reivindicación. Para él era demasiado puro. Respetaba a Cooke, eran amigos, admiraba lo que hacía pero entendía la música como algo diferente. Para él no era un vehículo. Lo era todo. Cantar era lo máximo. “Era un apasionado de la música” (Zelma Redding, viuda). El soulman por excelencia no es de ese tipo de personajes elevados a tronos inmerecidos tras su muerte. Él era grande antes del fatídico accidente de avión. Carismático, enérgico, visceral, humano, supremo…En muy poco tiempo. Casi sin apenas darse cuenta, Otis había pasado de soñar con cantar a dejar boquiabiertos al personal de Monterrey o del Whisky a Go-Go.
Se fue un 10 de diciembre de 1967. En silencio. De manera opuesta a lo que transmitía su música. Dejaba hijos y una mujer que lo adoraba por su manera de vivir. Igual de enérgica que su música. Igual de fuerte que nuestra pasión por ella. Pain In My Heart…
40 años ya. Nada más y nada menos. 40 años sin poder disfrutar de nuevas canciones de una voz nacida para hacer algo muy grande. Una voz que, nos da la impresión, se fue demasiado pronto. Uno de esos giros del destino hizo que Otis Redding pasara a formar parte de los grandes que han dejado su vida en accidentes aéreos: Buddy Holly, Big Bopper, Richie Valens, Ronnie Van Zandt, Stevie Ray Vaughan, Johnny Burnette…Un giro del destino similar al que permitió que, a pesar de haber llegado como chofer a Stax, Jim Stewart le diera una oportunidad, cosas que Otis aprovechó para grabar “These Arms Of Mine”. Era el inicio de la leyenda.
Otis Redding es uno de los mejores cantantes de la historia de la música en cualquiera de sus estilos. No puede ser casualidad que su voz fuera la que desbancara a Elvis como mejor cantante del mundo en 1967 para la revista Melody Maker tras diez galardones consecutivos del Rey. Otis era todo fuerza, todo sangre, todo soul. La música entendida como parte de la vida o, simplemente, la música convertida en vida. Es evidente que podríamos hablar de un montón de canciones como ejemplo: “Mr.Pitiful”, “Respect”, “I’ve Benn living you too long”…La lista se haría interminable. Otis era el soul. Ni siquiera merece la pena entrar a discutir si era más grande que Sam Cooke o a la inversa. Es algo así como pretender quedarse con los Beatles y obviar a los Stones. Es limitarse demasiado. Y no vale la pena. Otis nunca decidió utilizar la música como reivindicación. Para él era demasiado puro. Respetaba a Cooke, eran amigos, admiraba lo que hacía pero entendía la música como algo diferente. Para él no era un vehículo. Lo era todo. Cantar era lo máximo. “Era un apasionado de la música” (Zelma Redding, viuda). El soulman por excelencia no es de ese tipo de personajes elevados a tronos inmerecidos tras su muerte. Él era grande antes del fatídico accidente de avión. Carismático, enérgico, visceral, humano, supremo…En muy poco tiempo. Casi sin apenas darse cuenta, Otis había pasado de soñar con cantar a dejar boquiabiertos al personal de Monterrey o del Whisky a Go-Go.
Se fue un 10 de diciembre de 1967. En silencio. De manera opuesta a lo que transmitía su música. Dejaba hijos y una mujer que lo adoraba por su manera de vivir. Igual de enérgica que su música. Igual de fuerte que nuestra pasión por ella. Pain In My Heart…
Autor: Eduardo Izquierdo
Copyright Sonic Wave Magazine 2009






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