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09-05-2001

Nazz, Dimensiones de Esmeralda Acidulada



Liderado por las excelsas neuronas de Todd Rundgrend, Nazz fue el grupo americano más británico de los años sesenta, un esdrújulo compendio de dicroísmos emocionales que reverberó la magnitud del pop eléctrico rubricado en la época.


Liderado por las excelsas neuronas de Todd Rundgrend, Nazz fue el grupo americano más británico de los años sesenta, un esdrújulo compendio de dicroísmos emocionales que reverberó la magnitud del pop eléctrico rubricado en la época.

Dinámicos, frescos; inmunes para agredir y extasiar cual sustancia psicomimética, este cuarteto de Filadelfia ofreció uno de los capítulos más prodigiosos de la penumbra 60's. Sus tres discos, especialmente ese indestructible "Nazz Nazz" que surca lo eterno, personalizan esa clase de delicadeza que en muy contadas ocasiones un grupo de similar arrebato consigue. La música de estos tipos invadía epicúrea el espacio que existe entre Beatles y Cream, The Who y el psico-weast coast de las bandas de California, y la juventud expelida desde sus entrañas sobrevive hoy en día como paradigma perfecto de la implicación generacional que toda modernidad representa. Pues ante todo, Nazz fueron un grupo moderno y por defecto, visionario, sobretodo si atendemos a los cremosos tratamientos progresivos que Rundgrend gustaba de modelar. Nazz: Romances de distorsión y corazones celestes.

Gurú natural y quintaesencia del Nazz-sonido, Todd Rundgrend llegó a este mundo el 22 de julio de 1948 en Filadelfia, Pensilvania. Desde muy temprana edad se sintió atrapado por la música, demostrando una acusada sensibilidad para la interpretación más variopinta. Es así que, todavía sufre el ataque de acné cuando sus lacios cabellos ya lucen una largura considerable y, guitarra en mano, decide dar rienda suelta a sus tempranas ideas en un grupo que, aún hoy, no ha quedado muy clara la rotundidad de su práctica. Esta primera experiencia, denominada Money, alienta a Todd hacia su siguiente etapa, el combo blusero Woody's Truckstop, otra pasajera entidad sin legado conocido, a no ser varias canciones en formato de maqueta amateur, que sirven para que el joven melenudo coincida con el bajista Carson Van Osten y vaya descubriéndose a sí mismo como creador potencial.

No ha cumplido los dieciocho cuando ya posee una más que respetable técnica con las seis cuerdas. Su guitarra dispara acordes robustos, agresivos, a la manera de Pete Townshend, sus punteos fulminan como el mejor Clapton vía Cream, y todo lo que conoce sobre armonías lo debe a la destreza melódica de los cuatro de Liverpool. Los Beatles pasan a ser una influencia decisiva sobre su trabajo. El geniecillo además, parece barajar conceptos muy definidos sobre su futura exploración musical.

Transcurre el año 1967, en plena fermentación sicodélica. Todd conoció a los dos restantes miembros del proyecto frecuentando los clubes nocturnos de su ciudad. Mientras que por afinidad de criterio el puesto en las cuatro cuerdas lo ocuparía su colega Carson, antiguo compañero de batallas negroides en Woody's Truckstop, al cantante y teclista Robert "Stewkay" Antoni lo descubrió en el "Second of Autumn" uno de los muchos garitos que programaban conciertos en el área local. Stewkay tocaba en una oscura banda de folk-rock llamada "Elisabeth the Stewkay" y no dudó en aliarse al flacucho cerebrín cuando éste se lo propuso. Igualmente, el impresionante batería Tom Mooney fue reclutado tras haber emocionado a Todd mientras practicaba con sus tambores en el "Artist's Hut", lugar en el cual tocaba cada noche con su grupo "Munchkins".

Una vez juntos, empezaron por apropiarse una vistosa estética mod y decidieron elegir un nombre breve y directo, que les identificara con estilo. Lo tomaron del título de una canción que servía como cara B a un single de los Yardbirds: "The Nazz are blue".


Partiendo de una sobresegura competencia, las visiones de Todd fueron tomando sólida forma en fulminosas improvisaciones de ensayo que así mismo fortalecían la unidad instrumental del ya de por sí extraordinario nivel del conjunto.

En poco tiempo, hacedores de un repertorio bien compacto y explosivo, Nazz asaltaron el directo como teloneros de los Doors y se hicieron asiduos del circuito de clubes, causando una excitación sobresaliente sobre un público que quedaba sorprendido por las virtudes y sofisticaciones del cuarteto, relampagueante en su sacudida hardrockera y sumamente sensible en el fluir melódico.

Caían las primeras hojas de otoño cuando los de Filadelfia se trasladan a New York de la mano de John Kurland y su oficina de management, conocido por sus tejemanejes en el negocio e interesado en representar a una banda de guitarras, convencido como estaba el tipo de que a la avalancha estilística desatada en la época podía extraérsele bastante jugo apoderando a un grupo de semejantes características.

Una vez solucionados los problemas de representación y posible apertura para el mercado, no es hasta enero de 1968 y en Boston, Massachuset, que Nazz ofrecen su debut en toda regla, ocasionando un halago mediático que origina el acuerdo comercial con un nuevo sello denominado SGC, emergido de la fusión entre las todopoderosas Atlantis y Columbia.

Amparados tras semejante muralla corporativa, se encierran en el estudio y registran su música. El álbum de presentación homónimo, grabado y realizado en Los Angeles bajo la supervisión de Rundgrend y Michael Friedman, toma la calle a mediados de año y las críticas coinciden en catalogarlo como una excelente obra. Radiante de vitalidad y con juvenil estrépito, de inmediato la figura de Todd se erige como tótem cerebral del grupo, posición esta que él exprimirá mientras pueda en beneficio de su arrebatador intelecto.

El único single extraído del LP fue la canción "Hello It's me", con la colosal "Open my eyes" como cara B, elección que no tardó en agenciarse buenos puestos en las listas. El primer tema era un flotante tratamiento pop de atmósferas acuáticas y relajado pulso emocional abstraído en armonías wilsonianas, con piano crepuscular y percusiones suaves. Por el contrario, "Open my eyes" detonaba toda la fuerza interna del lado más enérgico del grupo, una vidriosa explosión de power-pop con guitarras marmóreas y melodías espaciales, que, partiendo de un riff a lo Who, alcanzaba cotas de elevado magnetismo psicodélico. Todo de una elegancia exquisita.

Aún siendo el binomio vinílico de resuelta valía, el contenido del álbum atesoraba más sorpresas, piezas del calibre de "Back of your mind" una tremenda lactancia de hard creammaníaco con la guitarra de Todd viajando por el hiperespacio y de nuevo unas melodías beatíficas. En la misma línea actuaban "Wildwood Blues", "Lemming song" y "She's goin down", atrezzos de luminaria guitarrera que anticipaban el devenir del rock duro americano de los años setenta.

Lo que quedó claro desde ese mismo momento y así ellos lo entendieron tras una serie de actuaciones magistrales por todo el país, es que Nazz resplandecían con mayor amplitud sobre el escenario, y que el estudio se les quedaba pequeño. Consideración que puede valorarse cuando se aprecian algunas de las escasas grabaciones piratas que pululan por el mercado discográfico, atestiguando plenamente la espeluznante intensidad de sus interpretaciones en vivo o el mayestático magnetismo de sus ensayos.

A continuación vuelven a Inglaterra para dar forma a su siguiente obra, el imprescindible "Nazz Nazz".

Pese a militar accidentalmente bajo la tendencia freak-beat de la época, las similitudes con grupos británicos como The Creation, The Move, o The Koobas (todos ellos bastardas iluminaciones al calor de The Who) se trascienden con el nuevo disco. Sobre este segundo Lp tuvo casi total dominio el mismo grupo, siendo Rundgrend - ya integrado con seguridad en las labores técnicas del estudio y habiendo aprendido a escribir y leer música- el encargado de armonizar todo el trabajo. La riqueza de las nuevas composiciones adquiere entonces una soberbia genialidad en títulos como "Forget all about it", tema que inicia la escucha y que queda para la posteridad como una de las creaciones cumbres del pop de finales de los 60's. Todo en Nazz Nazz obtiene una dimensión extrema. La crudeza dinamítica de "Under the ice" con Tom manejando las baquetas como una bestia enfurecida y la guitarra de Todd incendiando el ozono, la sensible lacrimosidad progresiva de "Not wrong long" con ese teclado nubiloso y la melodía penetrante de las voces, la anticipación progresivo-orquestada de "A beautiful song"...nadie puede amar la música pop sin haber llorado de emoción con este disco. Concebido en un principio como doble Lp bajo el título de "Fungo Bat", "Nazz nazz" se publicó finalmente como disco sencillo y, paradójicamente, fue el anticipo de la disgregación.

Parte del material no incluido en esta obra se añadió más tarde a lo que ya sin Todd, y una vez perdida la condición de banda, se editó en 1970 como "Nazz III".

Pese a obtener un envidiable apoyo por parte de la prensa y golpear a los fans con una importante resolución de contenido, "Nazz Nazz" no consiguió remediar lo inevitable. Problemas internos y disparidad de opiniones en la dirección a seguir hicieron del milagro un triste final. Rundgrend abandonó la aventura antes de que el siguiente disco se publicase. El grupo continuó por seis meses para el directo con la adición de Greg Simpler y Craig Bolan. Para el Lp se regrabaron con Antoni las voces de Todd en casi todos los temas, y no siendo en absoluto una continuación desmerecedora de la calidad del grupo, "Nazz III" es el álbum más flojo y disperso de los tres, lo que no quita que su poder de adicción supere en valía a muchísimos y sobrevalorados grupos posteriores que inundaron el mercado discográfico continuando las premisas impuestas por sus creadores.

Cada uno por su lado, Nazz pasan a ser historia. Como muchos de los grupos de aquel período, en un breve espacio de tiempo han conseguido legar una obra magna. Posteriormente Thom Money puso sus tambores al servicio de grupos como "Curtis Brothers", "Tattoo" y "Paris". Van Osten funcionó también como sesion man y Stewkey formó "Fuse", donde coincidió con Rick Nielsen, guitarrista de Cheap Trick, banda en la que también aterrizaron por último las baquetas de Money.

Por su parte Rundgrend, el mago de Filadelfia, emprendería su carrera en solitario, se convertiría en un reputado productor discográfico, grabaría algunos álbumes por su cuenta y riesgo, y más tarde formaría los irregulares Utopia, generando más tarde una inacabable serie de discos en solitario ajenos a cualquier imposición genérica, en los cuales explora y hasta la fecha, multitud de variantes expresivas con las que ensanchar continuamente su extraterrenal talento. Y resulta curioso comprobar cómo este hombre, ente inquieto y deslumbrante artesano de emociones sonoras, aún habiendo producido obras solemnes, canciones y álbumes completos llenos de ingenio pop, no ha sido capaz de superar lo que realizó siendo un tierno adolescente, producto sin duda, de una época florida y emblemática para los que todavía tenían algo que decir e, impulsados por el genio, sabían cómo decirlo.

Autor: José Carlos Sisto

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