Conciertos

 

26-04-2011

Nacho Vegas. Sala Movie, Pamplona


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El gijonés ha transcendido su aura de malditismo y los ambientes más sórdidos del underground patrio para, paso a paso, ir ganando terreno dentro de la escena más cercana al mainstream. Así, cada nuevo lanzamiento de Nacho es algo más luminoso que el anterior, y es que la madurez y el optimismo cada día están más presentes en el imaginario del asturiano. Ojo, no hablamos de pop luminoso; pero las canciones desesperadas de muerte y autodestrucción de su etapa de abusos y adicciones (Cajas de música difíciles de parar o Desaparezca Aquí) van quedando cada vez más lejos. Desde que trabajara junto a Enrique Bunbury en el excelente disco de 2008 "El tiempo de las Cerezas" podemos afirmar que vivimos una segunda juventud de Nacho Vegas.

Respecto al concierto que Nacho ofreció en Pamplona el pasado día 9 de abril, fue un show de menos a más, de la mayor de las oscuridades hacia pasajes luminosos. Un escenario sobrio alumbrado por faroles y cirios le daba ese aire de transcendencia que la velada merecía. El concierto se basó en su primera parte en los temas de "La Zona Sucia". El cuarto tema de la noche fue Dry Martini S.A. que sonó tan bien como de costumbre y con un final de gran intensidad. La Gran Broma Final, primer single del nuevo disco gana enteros en directos, y es que los directos de Nacho siguen teniendo esa fuerza e intensidad de aquellos ya lejanos años en Manta Ray. Los pasajes instrumentales son especialmente densos y hasta ruidosos en sus conciertos cobrando matices no siempre explorados en sus grabaciones discográficas.

Canción de Palacio 7 es una de esas joyas de Nacho Vegas de las que nunca te puedes cansar. Hubo también tiempo para rescatar un par de temas sus discos compartidos: Va a empezar a llover y Me he perdido. Hay que hacer una mención especial para los músicos que acompañan a Nacho: Xel Pereda, fiel escudero del gijonés, el hombre de las cuerdas (no hay guitarra, banjo, mandolina... que se le resista) y los arreglos imposibles; Abraham Boba y sus densas atmósferas al piano u órgano hammond; ambos acompañados por una atípica sección rítmica con un baterista que no es tal sino un gran percusionista. Con El Hombre Que Casi Conoció A Michi Panero, ya un himno entre sus seguidores y coreada por toda la sala se despedía la banda por primera vez. "Unos me llaman chaval y otros me dicen caballero" yo lo tengo claro, todo un caballero.

El bis comenzó con Nacho a solas en el escenario atacando su versión del clásico de Leonard Cohen: Canción del Extranjero. Sonó estremecedora y consiguió que a más de uno (entre ellos el abajo firmante) se le erizara el pescuezo. Lástima de esa lacra que sufrimos en los conciertos: el público. Parece mentira que alguien pague una entrada para ir a ver actuar a alguien y luego se pase el concierto charlando a grito pelao con sus amigos como si estuviera en un bar un día cualquiera. Esto es especialmente sangrante cuando el artista ejecuta a solas y con guitarra acústica un tema que requiere especialmente del silencio en la sala. Con Lo que comen las brujas y El Mercado de Sonora terminaba otra buena cita con Nacho Vegas, siempre infalible en concierto. ¡Hasta Pronto!

Fotografía: Nacho Cordero

Autor: Nacho Cordero

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