Conciertos

 

22-05-2009

Mike Farris. Moby Dick, Madrid


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Mike Farris, acompañado por The Roseland Rhythm Revue y por las McCrary Sisters, ha sido uno de los incuestionables protagonistas del reciente Azkena Rock Festival. La garganta privilegiada de Farris, arropada por esa solvente banda, convirtieron Mendizabala en una iglesia durante una hora, con un puñado de miles de fieles extasiados ante esa exhibición de gospel trufada de soul y cargada de guiños al sonido de Luisiana. Ese es el presente musical de Mike Farris, el que fuera cantante de esa imparable máquina de rock sureño llamada Screaming Cheetah Wheelies que practicamente se despidió tras su visita a España hace cinco años. Poco después, Mike dejó el alcohol y gracias a su fe se ha mantenido alejado de él. Afortunadamente volvimos a tener noticias musicales gracias a “Salvation In Lights” –sin duda uno de los mejores discos de 2007-, en la portada estaba él en primer plano, delante de una imagen del inconfundible barrio francés de Nueva Orleans. Las guitarras habían dejado paso a los vientos, el rock a la musica espiritual; Farris estaba pletórico, se había reinventado brillante y convincentemente. Pero, pese a su pasado con los Wheelies y su presente al frente de la Roseland Rhythm Revue (con los que acaba de publicar un impresionante álbum den directo), nadie podía olvidar su primera visita a España, cuando nos noqueó armado exclusivamente con su guitarra acústica, presentando las canciones de su primer trabajo en solitario, “Goodnight Sun”. Los pocos que asistimos a esa primera toma de contacto caímos rendidos ante su carisma y prodigiosa garganta y hubiéramos hecho cualquier cosa por repetir esa experiencia.

Por eso poco importaba que hace sólo un par de días hubiéramos sido testigos de su exhibición en el festival vitoriano, necesitábamos encontrarnos de nuevo con el cantante de Nashville cara a cara, sin un foso de por medio, rodeados exclusivamente de gente que hubiera ido a disfrutar del poder balsámico de sus canciones. Dicharachero, como siempre, arrancó su concierto con una emotiva y delicada interpretación de “Oh Mary Don’t You Weep” que contó con la ayuda de una -siempre cómplice- audiencia que, entregada, se encargó de la segunda voz ante el asombro del vocalista. Apoyado en la versatilidad de su sobrenatural garganta, Farris comenzó a desgranar algunas de las canciones de “Salvation In Lights”, lecturas desnudas que, en lo musical, obviamente, distaban de las del disco, pero que realmente emocionaban. El primer guiño a sus fans de base llegó con “Gypsy Lullaby”, una de las canciones de esa obra maestra llamada “Magnolia” que grabó a mediados de los noventa junto a los Wheelies. Pero tan interesantes como las canciones eran las historias que Farris contaba para presentar algunas de ellas como “Selah! Selah!”, que la escribió conmocionado tras el 11-S. Aunque cuando realmente nos estremeció fue mientras explicaba con lágrimas en los ojos como había escrito “Only Good Knows” para su pequeña Rose, que murió de cáncer poco después de que se editara “Salvation In Lights”.  

El concierto no era perfecto, Farris se atascó con la guitarra en alguna de las canciones que no terminaba de recordar, pero bromeaba con ello y era como tenerle tocando en el salón de tu casa. Como en su reciente álbum en vivo, no faltó el himno de A.P. Carter, “Will The Circle Be Unbroken”, prueba fehaciente de que en los estados del sur soul y country han ido de la manos en muchas ocasiones y frase que preside el majestuoso habitáculo circular en el que se encuentran esculpidos en bronce todos los miembros del Country Music Hall Of Fame, en Nashville. La colaboración coral entre el respetable y Farris tuvo otro punto culminante con “Sit Down Servant” y “Precious Lord” fue uno de los últimos momentos realmente emocionantes de un concierto que conmovió a casi todos los presentes.

Autor: J.F. León

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