Conciertos

 

02-12-2013

Mark Lanegan. Teatro Nuevo Apolo, Madrid


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Como cual libro deseoso de empezar, nos encontrábamos allí, en ese teatro íntimo y cercano, a esperas de que la obra empezase, eran demasiado buenos los comentarios y por eso mismo la espera se hizo soporífera. Los músicos Lyeen y Duke Garwood fueron el prefacio de esta obra, y aunque ambas actuaciones fueron correctas, no llegaron a transmitir más allá. Fueron dos actuaciones muy lineales, lo que adormecía el ambiente que además esperaba con expectación al señor Lanegan, ese principio de la obra en el que por fin estás inmerso.

Y así fue, sin apenas retraso cómo comenzó la obra. Sin decir palabra, Lanegan llegó, tomó el micrófono y arrancó con el tema “When Your Number Isn't Up”. Su voz rugía, era potente, magnánima...el espectáculo acababa de empezar. Acompañado de cinco músicos, entre ellos estaban los previos Lyeen y Garwood , un guitarra solista y dos músicos a las cuerdas, violín y violonchelo. Hasta la tercera o cuarto canción, no estoy segura, no presento a sus músicos, y cuando lo hizo se podía apreciar parte de actitud de este hombre tan introspectivo y por qué no, algo tímido, misterioso, enigmático…a veces sucede que cuanto menos se deja ver, más quieres ver, así sucede con este tipo.

Serio, elegante y de gafas oscuras se disponía en ese escenario rojizo que se mantuvo hasta el final y que junto a su voz inventaban una atmósfera mágica, emotiva y abrumadora. Puede parecer una realidad muy edulcorada, pero este señor tocó el día 26, y yo lo estoy contando el día 2 de diciembre, con suficiente tiempo de digestión, y cada día que ha pasado he ido recogiendo más y más detalles de lo que fue el concierto.

Sonaron temas del fantástico “Blues Funeral” al principio del concierto, seguido de una breve selección de “Black Pudding”  y aún no sabías muy bien cómo situarte, qué dirección tomaría el concierto, el ambiente era inestable, extraño. Pero todo cambio cuando sonó “Pretty Colors”, de Frank Sinatra, que atravesada por la voz de Lanegan era fascinante, y donde él quebraba sus cuerdas vocales, nosotros enmudecíamos. Y después, volvimos a hablar para tararear a golpe de punteo “Mack The Knife”.

Era el momento, todos estábamos envueltos bajo la abrumadora voz de este señor, por fin habíamos llegado a ese punto de la obra en el que no puedes retirar la mirada y sólo deseas ser uno más en esa historia, pues ya sólo formas parte de ella.

Para poner más emoción a esta historia, Lanegan homenajea al grande Lou Reed con ni más ni menos que “Satellite Of Love”. Melancólico, elegante, tímido, de mirada escondida…se paso todo el concierto tratando de apagar una colilla que fingía pisotear con su pie izquierdo, y marcharse como un caballero después de recitar su obra. Y siguiendo con la analogía de esta “obra de concierto”, tengo que añadir que también tuvo un epílogo titulado “Bombed Halo of Ashes”. No podía tener un final mejor.

 

Autor: Cristina Sánchez García

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