Conciertos

 

17-10-2011

Marah. Sala Totem, Pamplona


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Hace cosa de sólo unos cuatro años Marah eran encumbrados como la última gran promesa del Rock americano. La banda formada por los hermanos Dave y Serge Bielanko afincada en Philadelphia (Pennsylvania) eran la última gran esperanza del Rock and Roll. La prensa rockera (y no tanto) se deshacía en elogios hacia ellos, sus conciertos eran objeto de grandes alabanzas por su intensidad. El público abarrotaba sus frecuentes giras por Europa y concretamente en España parecían gozar de una gran popularidad que les hizo llegar a lanzar un DVD en directo grabado en Mataró y publicado bajo el título de “Sooner or Later In Spain”. Su segundo disco “Kids in Philly” fue publicado en la discográfica (ya desaparecida) E-Squared Records en 2000 del propio Steve Earle que se posicionaba como padrino de la banda. Incluso Bruce Springsteen se desharía en elogios hacia la banda.

“20.000 Streets Under The Sky” de 2003 y “If You Didn't Laugh, You'd Cry” de 2005 fueron grandes discos que a la postre supondrían las cotas más altas de su carrera. Discos en los que el Rock and Roll americano se fusionaba con el country más canalla y acelerado en un tornado sonoro que vuela tu cabeza desde la primera escucha. Stephen King escribió para Entertainmente Weekly que “Se trata de la mejor banda de América que nadie conoce”.

La banda se embarcó entonces en una gira infinita, algo parecido al “Never ending tour” de Dylan, pero a otra escala claro. Cada cierto tiempo mirabas la agenda de conciertos y aquí estaban otra vez los Bielanko y compañía. No todos los miembros de la banda pudieron aguantar ese ritmo, y para 2006 la banda había cambiado varios miembros de su formación original. “Angels of destruction” de 2006 fue un buen disco aunque algo irregular. Grabado casi sin dejar de girar y con Christine Smith en los teclados. Debido al ritmo imparable de la banda, Dave empezó a acusar problemas con la bebida y sus shows empezaron a verse afectados. La morena teclista iba ganando protagonismo en escena y la intensidad de los conciertos iba decayendo hasta el punto en que Serge, el hombre tranquilo, acabó abandonando la banda alegando motivos familiares puesto que acababa de ser padre. Publican en 2010 “Life is a Problem”, inferior a sus predecesores. Desde ese momento la banda entra en una espiral autodestructiva que parece alcanzar su punto más bajo en el festival Luna Lunera de 2010. Escenario donde los músicos suelen ofrecer algunos de los mejores momentos de sus carreras. No estuve allí, pero amigos cercanos me comentaron que aquello fue una verbena en toda regla, con una banda totalmente alcoholizada y pisoteando su propio legado. Me hablaron especialmente del acordeón y su ejecutora…

Bien, el pasado verano, se anunciaba que Serge volvía la banda. Quizás consciente de lo que estaba pasando quiso devolver a Marah a la senda de la que nunca debió alejarse. Al mismo tiempo se anunciaba que Dave se estaba cuidando más mientras se anunciaba una nueva gira. Sin saber muy bien qué esperar acudimos la cita navarra de este tour. Con una discreta entrada, quizás por ser entre semana y puntualmente saltaban a escena los de Philadelphia. Desde el primer acorde de Dave al Banjo eléctrico la cosa parece ir bien. El sonido es potente y la banda suena compacta. “Freedom Park” es tremenda. Los temas se van enlazando uno tras otro sin solución de continuidad. Los hermanos Bielanko se van alternando a las voces y rezuman complicidad. Casi sorprendidos por lo que estamos disfrutando nos damos cuenta de que ya llevan casi 45 minutos cuando anuncian que harán una pausa de 10 minutos. Nos quedamos algo perplejos y asustados. Pero nos han dado motivos para la fe hasta ese momento. Así que recapitulamos. Parece que la banda ha vuelto por sus fueros y brilla especialmente en los momentos más folkies.

Tras la pausa la banda vuelve a escena más intensa todavía si cabe. Serge baja entre el público con su harmónica durante uno de los temas y se mezcla con todo el mundo. “Angels on a Passing Train” suena acelerada e intensa. Y cuando todo está en su mejor momento introducen un pasaje instrumental con Christine al acordeón que nos deja descolocados por primera vez. Pasado ese momento, atacan varios temas country que suenan genial y nos hacen sonreír y disfrutar de nuevo. El bis será otra vez potente e intenso pero según va alargando su parte final, ya habitual en lso viejos tiempos, el teclado va cobrando protagonismo y acaba por comerse al resto de la banda. Llega a quedarse sola junto con el batería en una improvisación en la que Christine parece decidida a sacar los sonidos más feos posibles a su instrumento en lo que parece un ejercicio de techno o algo así que se prolonga durante casi 10 minutos. Y con esto se despide la banda. Lo que iba para un gran concierto que nos devolvía la fe en la banda, acaba con algo cercano al esperpento. Como dijo un amigo, es como si vas ganando de goleada y en el último minuto te remontan. Nos quedamos con cara de tontos. Debería la banda cuidar esto, pues mientras Smith se limita a tocar sus arreglos la cosa funciona, pero en cuanto quiere ganar protagonismo se les va de las manos.


De todas Formas, lo vivido aquella noche nos hace retomar la fe en Marah, que esperamos sigan creciendo y viniendo a visitarnos tan asiduamente como hasta hoy.

Autor: Nacho Cordero

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