El origen de Punching The Clown se remonta a un momento aparentemente insignificante. En 2024, mientras conducía hacia una gasolinera en Nashville, Wagner escuchó en la radio una canción construida sobre un único acorde de banjo y un pequeño grupo de voces. Fascinado por aquella experiencia, inició una búsqueda que le llevó a descubrir la tradición del lining out, una forma ancestral de canto comunitario nacida en las iglesias británicas del siglo XIX y que acabaría influyendo decisivamente en el desarrollo del gospel, el country y el folk de los Apalaches. Aquella revelación inspiró la creación de un álbum que capturara la esencia de esa música: la fuerza de la voz humana, la emoción colectiva y la belleza de la sencillez. Como en cada etapa de su trayectoria, Lambchop vuelven a reinventarse sin perder su identidad. Desde la sofisticada fusión de soul y country de Nixon hasta las exploraciones vocales de FLOTUS o la intimidad pianística de Is A Woman, la banda ha convertido la transformación constante en una de sus principales señas de identidad. Sin embargo, Punching The Clown posee algo especial. Desde sus primeros compases, el álbum suena a un nuevo capítulo en la historia de Lambchop: fresco y sorprendente, pero también profundamente familiar, como regresar a un lugar querido que solo existe en la memoria. La voz de Kurt Wagner vuelve a ocupar el centro de la escena. Esta vez prescinde de tratamientos electrónicos para dialogar directamente con dos coros dirigidos por Blake Morgan -uno de 6 voces en Eau Claire y otro con 11 voces en Londres- que no actúan como mero acompañamiento, sino como interlocutores activos dentro de las canciones. El banjo de Justin Vernon (Bon Iver) desempeña también un papel esencial. Un instrumento que Wagner confiesa haber observado siempre con cierta distancia se convierte aquí en uno de los pilares del álbum, demostrando cómo las mejores ideas suelen surgir precisamente cuando se desafían los propios prejuicios creativos. Esta formación está compuesta por Kurt Wagner y Andrew Broder, quien lleva varios años acompañándolo en directo como pianista. A ellos se suman los dos coros dirigidos por Blake Morgan y Justin Vernon al banjo. Nunca antes había existido un grupo como este. Tampoco una banda como Lambchop. También merece una mención especial el productor Ryan Olson. “No es simplemente alguien que trastea con botones”, dice Wagner, “sino alguien que deja su huella como artista”. Precisamente porque esta formación es tan buena y tan especial, Kurt Wagner necesitaba canciones a la altura. “Me tomé muy en serio la tarea de escribir canciones para este álbum”, explica. Estudió cómo trabajan otros grandes compositores, leyó biografías, analizó sus canciones y se planteó preguntas a sí mismo: “¿Qué es lo que te conmueve y te emociona de tus canciones favoritas, y por qué? ¿Y cómo puedes aplicar esas enseñanzas a tu propio mundo?”. A ese trabajo de estudio le siguieron los primeros intentos de composición, muchos de los cuales fracasaron. Así que tocó empezar de nuevo. Las cosas mejoraron, pero seguía sin ser suficiente. Otro nuevo comienzo, sumado a la propuesta de escribir junto al guitarrista Andrew Broder, y de repente todo encajó. Se compusieron treinta canciones que fueron grabadas como maquetas. Después llegó el momento de elegir doce para el álbum y decidir su orden definitivo. La estructura de Punching The Clown estaba, por tanto, definida antes incluso de que comenzara la producción propiamente dicha. “Desde el principio concebimos el álbum como una obra completa”, afirma Wagner. No es de extrañar que suene tan cohesionado y seguro de sí mismo. Muy propio de Lambchop, por un lado. Pero, por otro, este disco va un paso más allá. La calidad de las canciones, la formación de la banda, la singularidad de los arreglos y de la producción... Punching The Clown es una obra maestra dentro de la ya magistral discografía de Lambchop. Incluyendo unas letras capaces de hacerte caer de rodillas. |