Entrevistas

 

13-12-2010

José Ignacio Lapido, soñando la canción perfecta


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El regreso de José Ignacio Lapido tiene que ser, a la fuerza, una buena noticia. Y más si lo hace con un disco tan bueno como De Sombras y Sueños. Porque su sexto larga duración desde que iniciara su carrera con aquel ya lejano Ladridos del Perro Mágico (1999) es sólo una piedra más en un camino lleno de aciertos y al que nos es difícil encontrar algún error. Por algo estamos ante uno de los mejores, si no el mejor, escritores de canciones de este país. Un país que sigue mostrando su tendencia al “panderetismo” cuando a un tipo como el granadino no lo tenemos en los altares. Vergüenza debería darnos que sus discos sigan circulando prácticamente en la autoedición. No por él que, probablemente, está muy cómodo y tranquilo ahí sino por nosotros mismos. Los que somos capaces de encumbrar productos absolutamente detestables mientras otros, que merecen mucho más la pena, se mueren en el ostracismo y el desencanto para acabar dejando de hacer canciones. Eso no le pasará a Lapido. Por cabezonería y por honestidad. Porque es un cancionista, término que robo a mi buen amigo Quique González que, por cierto, aparece también en el disco, de nacimiento. Él seguirá sacando sus discos y éstos seguirán llenos de grandes temas. Nosotros los seguiremos comprando y los exprimiremos para disfrutarlos hasta el último de sus detalles y, de paso, aprovecharemos para hacerle unas preguntas que siempre es un placer. Esta vez no fue para menos.

 

¿Qué hay de diferente entre Cartografía y De Sombras y Sueños? 

Si te digo la verdad, hasta que no pase un poco más de tiempo, no sabría decírtelo, aparte de lo obvio: que son trece canciones nuevas. A priori no me pongo a preparar un disco con la intención de hacer algo radicalmente diferente, sino algo que me guste. Además, es que no digo, “voy a hacer esto así o de esta otra manera”. Las cosas son mucho más espontáneas. Van surgiendo temas y los vas arreglando para que suenen lo mejor posible. Si luego el resultado final es diferente a lo anterior no es por una premeditación sino porque la canción así lo pedía. Supongo que en este nuevo disco, la producción hace que no suene igual a Cartografía, y bueno… he utilizado sonoridades y recursos que no había utilizado antes. También hay colaboraciones vocales que nunca había tenido…

 

Grabas con la banda que te acompaña en directo hace tiempo ¿es para mantener ese espíritu que hay en todo directo y que a veces es tan difícil de captar en un estudio? 

No. Grabo con ellos porque son mis amigos y porque tocan bien. Yo diferencio una grabación de un concierto. Si quisiera reproducir el ambiente de directo en un disco haría un disco en directo. En las grabaciones de estudio me gusta investigar, detenerme en los detalles, buscar cosas que no se pueden hacer en el local de ensayo porque somos cinco y no nos quedan manos para tanto arreglo. Otras veces puede que sí, que una canción sólo necesite lo que puedes tocar en una toma. Por ejemplo, «Lo creas o no» o «Algo falla« suenan tal y como las tocamos, no hay ni una pista de más.

 

¿Los podemos considerar ya como “la banda de Lapido”? 

Yo la he considerado así desde hace mucho tiempo. Estuvimos hablando sobre la conveniencia de ponerle un nombre y aparecer como Lapido & The… lo que sea, pero no se nos ocurrió nada interesante y se quedaron sin bautizar. No obstante no se quedarán en el limbo, hablaré con mis amistades y haré todo lo posible para que vayan al Cielo porque ellos se lo merecen.

 

¿Por qué la producción de Paul Grau? Alguien con las ideas tan claras como tú parece destinado a producirse él mismo los discos ¿Qué te aporta?

Yo no tengo las ideas tan claras como puede parecer. Siempre dudo de qué es lo correcto. Lo de dejar la producción en manos de Paul Grau surgió porque mis músicos, que habían grabado ahí con su banda Jean Paul, me hablaron bien de él, y mi hermano Víctor, que grabó ahí con Lagartija Nick, y Antonio Lomas, antiguo batería mío, que grabó con Lori Meyers también. Yo quería un pequeño cambio de aires y de Producciones Peligrosas, el estudio donde he grabado todos mis discos anteriores, me fui a Gismo 7, el estudio de Paul en Motril. Al principio iba a ser una coproducción, pero viendo que él sólo se las apañaba bien, lo dejé en sus manos y así me libraba yo del coñazo que supone producir un disco. Su aportación principal ha sido la de buscar un concepto de sonido respetando el espíritu de cada canción. Le ha dado más protagonismo a mi voz y ha abierto mucho más el espectro sonoro.

 

Háblame de las colaboraciones que aparecen en el disco, ¿cómo surgieron? 

Pues… supongo que alguien me despertó de la siesta y me dijo “¿qué tal si llamas a tus amigos para que canten en este disco?”. Supongo que sería mi mujer. Y así lo hice, pero no quería llamar por llamar sino a artistas con los que hubiera una conexión.  Miguel (Ríos) y Quique (González) habían grabado en sus discos sendas versiones de dos canciones de Cartografía: unas versiones fabulosas. Amaral ya habían interpretado y grabado un par de temas míos con anterioridad. Había coincidido con todos ellos en distintos escenarios y lo más importante: todos ellos son músicos de gran talento, así que… los llamé, aceptaron amablemente y grabaron sus intervenciones de la manera que se pueden escuchar en el disco. Quini Almendros, el otro colaborador, es un clásico en mis discos: es el tercero en el que toca el pedal steel. Un buen amigo e increíble músico.

 

En la hoja de promo se lee que suenas cada vez más americano, ¿estás de acuerdo con eso? 

Este disco se ha grabado en Motril y por lo tanto suena más motrileño que cualquiera de los otros que he grabado. Yo creo que necesariamente, excepto el rock alemán y el rock andaluz, casi todos los discos de rock suenan americanos, puesto que ellos inventaron el género. Mi música es el resultado de escuchar durante años a Elvis, Howlin’ Wolf, Chuck Berry, Otis Redding, Creedence, Buffalo Springfield, Byrds, Remains, Standells, Ramones, Jimi Hendrix, Dylan… y a cientos de grupos ingleses y australianos que imitaban el rock’n’roll, el blues o el R&B que venía de América, así que… por supuesto que suena americano.

 

¿Qué escuchan tus personajes aparte de Little Willie John? ¿Qué andas escuchando ahora? 

Lo de siempre… Sleepy John Estes, Tampa Red, Furry Lewis… cosas de antes de la Segunda Guerra Mundial. De este siglo me gustan Black Keys, Imelda May, Eels… Soy hombre de pocas costumbres fijas, pero una de ellas es incluir en algún verso de una canción el nombre de algún músico admirado por mí. Creo recordar que el primero que apareció fue Elmore James, en una canción de los Cero. Luego han pasado por mis canciones Bo Didley, Muddy Waters, Howlin´Wolf, Robert Johnson… Ahora le ha tocado el turno a Little Willie John,  a quien descubrí hace muchos  años en una versión de «I need your love so bad», de Fleetwood Mac, cuando estaban liderados por Peter Green. Luego me enteré de que era el autor de la famosa «Fever».

 

Tus letras cada vez son más poéticas ¿cómo las trabajas? ¿Nacen antes que las melodías? ¿Al mismo tiempo? 

Las letras naces después, bastante después de las melodías, por la sencilla razón de que se resisten a nacer. Esperan al último momento para hacerse realidad. Son muy hijas de puta.

 

¿Alguna vez has olvidado decir te quiero? (n.d.E. Referencia a una canción de De Sombras y Sueños) 

Seguramente.

 

¿Tenemos que interpretar tus canciones como autobiográficas a no nos conviene “creérnoslo todo”? 

El arte en general es mentira, una bella mentira. Me explico: tú puedes ir a un teatro y ver allí a unos tipos moviéndose y soltando unas palabras, haciéndonos creer que están en una calle de Nueva York, cuando todos sabemos que es un escenario con paredes de cartón piedra y que cuando acaben la función se quitarán el maquillaje y te los encontrarás en el bar de la esquina tomándose una ración de patatas bravas. En la pintura pasa lo mismo. René Magritte pintó un cuadro en el que se veía una pipa titulado Esto no es una pipa. Claro que no, era un lienzo con unas pinceladas que consiguen dar la apariencia de una pipa. Con las canciones pasa lo mismo, te las puedes tomar al pie de la letra o no, da igual, lo importante es que la canción posea la capacidad de hacer creer al oyente que lo que dices ahí es la verdad más grande que jamás haya escuchado. Dicho esto en mis canciones mezclo los hechos reales con los imaginarios. Recuerdos con sueños. Mi vida propia con recreaciones de vidas paralelas. Son bellas mentiras o medias verdades que hasta yo mismo me creo.

 

¿Cuáles son los sueños que dejaste ir? (n.d.E. otra referencia a otra canción de De Sombras y Sueños) 

 

Todos los relacionados con la consecución de la perfección. Cuando abandonas ese deseo y asumes que eres imperfecto por naturaleza, sufres menos. La canción perfecta no se puede escribir, sólo soñar.

 

¿Cómo definirías tú mismo tu carrera en solitario? 

Se me ocurren un montón de adjetivos pero luego dicen que me quejo mucho. Digamos que en el aspecto artístico ha sido acojonante, y en el aspecto comercial, francamente mejorable.

 

Inicias la gira ya mismo ¿verdad? ¿Será larga? Qué esperas de ella? 

Espero sobre todo que vaya gente a los conciertos. Sin el público suficiente no hacemos nada. Empezamos el 9 de diciembre en Málaga, el 10 en Madrid y el 17 en Granada. Luego continuaremos en enero y febrero con Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Murcia, Valencia… En mi página web aparecen las fechas.

 

Una gran noticia, sin duda. Lapido ha vuelto y no sólo con nuevo (y gran) disco sino que, como era de esperar, éste le llevará de nuevo a la carretera. Perdérselo debería estar penado por la ley.   

Autor: Eduardo Izquierdo

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