Conciertos

 

10-09-2011

Gambeat Weekend. Sala Apolo [2], Barcelona


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Gambeat Weekend. Sala Apolo [2], Barcelona Reza el refrán “Más vale tarde que nunca y pese a que su mensaje es más consolador que optimista sí que encierra una verdad de aquellas que denominamos grandes. Barcelona, contrariamente a ser una ciudad cosmopolita, vive inmersa desde hace años en una profundidad musical dominada por el indie y todas sus vertientes o, lo que es lo mismo, dominada por todas las vertientes del pop que hemos gustado de llamar indie. También es cierto que el rock, tanto el duro como el urbano, bucea de vez en cuando recordándonos que no es popi todo lo que reluce y que el punk mantiene vivo su legado, herencia de la que en su día fue la ciudad pionera del punk-rock estatal. Pero ¿qué sucede con la música garage y con los amantes de la cultura mod? Pues que hasta la fecha han tenido que conformarse con conciertos esporádicos por aquí y reuniones de formaciones afines por allá. Por eso ha llegado el momento de decir: “ya era hora”. Y es que ya era hora de tener un festival dedicado a la música más salvaje de los sesenta en Barcelona. 

Gambeat Weekend presentó en la ciudad condal la primera edición de un festival que esperemos se arraigue en el carrusel de festivales veraniegos cual terco crustáceo. Las expectativas para que ello suceda no son, ni de lejos, negativas. La respuesta por parte del público fue notable, pese a encontrarse con un compendio de handicaps que podrían resumirse en: vuelta de las vacaciones, primer fin de semana de septiembre, poca información del festival y una publicidad discreta. A su favor: un cartel de lujo y un público tan predispuesto como anhelante de que algo así se organizase en la ciudad.  

Pese a que el núcleo del festival eran los dos días de conciertos celebrados en La [2] de Apolo, la organización había preparado una serie de actos repartidos por diferentes lugares de Barcelona, durante los 4 días que duró el festival. Por mi parte, y permitidme la licencia de personalizar este artículo, me vi obligado a reducir en un único día mi asistencia al festival. Un imprevisto de última hora me privó del disfrute de los conciertos del sábado día 3 y, lo que es peor, de dedicarle al evento una crónica tan respetuosa como merecida. Es por ello que intentaré resumir la esencia del festival en lo vivido durante el viernes 2 de septiembre. 

A causa de la incompatibilidad de horarios con otro evento mi llegada a la sala fue inmediatamente posterior a la actuación de la primera formación; por suerte, pude disfrutar de la totalidad del bolo de la siguiente banda: Midnight Shots, un quinteto valenciano que acaba de estrenar un EP prometedor: 4 Shots of R & B, un disco que había quemado hasta la saciedad meses antes de poder disfrutarles en directo. Pese a que se nota su falta de tablas sobre el escenario, su tecnicismo y dedicación son inversamente proporcionales a su juventud. Uno de los grandes aciertos de esta formación reside en la modulación a la que Paco Beneyto, cantante y guitarra, somete a su voz, consiguiendo un sonido que gana en dimensiones y gravedad al del disco. Tocaron todos sus temas, incluido el adictivo “Vestida roja” y como su set list no es que sea precisamente extenso tuvieron que recurrir a covers como “Shout” o “Johnny B. Good”, tema con el que cerraron su directo en una despedida un tanto fría y exenta de bises.  

Media entrada para ver a los valencianos y casi tres cuartos de entrada abarrotando la parte más próxima al escenario con intención de disfrutar de una de las formaciones míticas catalanas en esto del revival del rythm’n’blues: Flash Cocodrilos. Poco antes de su aparición, la jet set de la escena mod barcelonesa intercambiaba batallas y miradas entre tragos de cervezas, licores y combinados. Personalidades de la escena como Albert Gil cruzaban sus pasos con incondicionales de Brighton 64 recordando escenas del pasado donde las pieles estaban menos curtidas y los bolsillos más vacíos. Un escenario el de la nostalgia ideal para recibir a un cuarteto que hoy en día ha diversificado sus diferentes carreras musicales por formaciones desiguales pero afines. Lo primero que hicieron al saltar al escenario fue explicar que, tras cinco años sin tocar juntos, se habían vuelto a reunir con motivo de este festival. Acto seguido disculparon al batería que les acompañaba, pues nunca había tocado con ellos hasta ese momento y, entonces sí, se lanzaron a por el rock’n’roll. La actuación fue buena y, la profesionalidad y trayectoria de los músicos encubrieron muy bien las carencias naturales del improvisado baterista. Tocaron todos sus éxitos y mostraron más energía sobre el escenario que sus antecesores. Incluso Oscar Blanco, vocalista, guitarra y trompeta de la formación, consiguió llegar a notas y entonaciones que años atrás le quedaban un poco grandes. Tras once temas que pasaron con la fugacidad de un suspiro llegó el momento para un bis que no estuvo a la altura. Y no por los propios Flash Cocodrilos sino por el animador de fiesta que, embutido en un disfraz de gamba gigante, quiso cantar los dos últimos temas del bolo con tan poco ritmo como escaso acierto con la letra. A pesar de ello, la diversión primaba sobre el resto de realidades allí presente quedando la situación en una mera anécdota.  

Entonces llegó el punto álgido de la velada, el momento para la locura. Con él llego el escándalo y lo hizo en forma de gritos y espasmos. Wau y Los Arrrghs!!! son la formación de garage cavernoso por excelencia; lo mejorcito que tenemos y hemos tenido en este estilo a nivel estatal; aunque me atrevería a ir más lejos y no creo ir muy desencaminado si afirmo que también es de lo mejorcito que ha existido nunca a nivel internacional. Lo más salvaje seguro. Pura adrenalina en directo que no tiene ningún problema en sudar sinceridad no solo en sus interpretaciones sino en sus declaraciones. Antes de comenzar a enloquecer al personal Juanito Wau no tuvo ningún problema en admitir que le habían comentado que aquella no era una sala que sonase bien y que ahora había llegado el momento de comprobarlo. Tampoco se mordió la lengua a la hora de pedir, por dos veces, que les quitaran el humo del escenario; y era algo natural porque es que literalmente se estaban asfixiando sobre el mismo. Centrándonos en el bolo ofrecido, la formación dio todo lo que se le pidió, se volvieron locos y volvieron locos a sus fans. Juanito (y sus espasmos) gritó todo lo que pudo y más, se tiró al público entre estribillos y permitió que una improvisada vocalista compartiera con él unos minutos de gloria. De su garganta escuchamos clásicos como “Copa, raya, paliza”, “Bli, blu, bla – Bla bla bla” o “Lo que quiero”, sin olvidar su magnífica versión del “Demolición” de Los Saicos el cual dejaron, como no, para la reaparición en su bis. 

Y aquí terminó mi periplo en un festival del cual solo pude saborear una parte que me dejó con ganas de más, de mucho más. ¿Tal vez el próximo año? Eso espero, eso espero…

 

Raül Ruiz

 

Una vez repuestas las fuerzas en un marco incomparable como resulta el chiringuito elegido por la organización para una fantástica barbacoa amenizada con los pinchadiscos elegidos para el festival, llegaba la hora de comenzar de nuevo con la magnífica fiesta, a una hora demasiado temprana saltaban a escena The Pennycocks. La banda local descargó sobre los asistentes grandes dosis de punk 77 y energía solventando la poca afluencia de primera hora. La segunda cita de la noche consiguió que el Apolo luciera un lleno total, Las Aspiradoras saltaban a escena por primera vez en la ciudad condal, su contundente “demente garaje fuzz” no dejó indiferente a los asistentes que comenzaron a bailar para no parar hasta tempranas horas del domingo. Sus desgarradoras guitarras, ritmos primitivos y su afilada farfisa desataron el descontrol generalizado. A continuación tocaba el turno de la banda internacional más mítica del evento The Higher State. Los cuatro de Folkstone envolvieron el ambiente con su folk psicodélico con tintes garageros, una auténtica “delicatesen” de estos capos de la escena mod europea que firmaron un concierto realmente esplendido. La sala se volvía a abarrotar dispuesta a vivir una bacanal de ritmos locos cuando a escena saltaban para la ocasión “unos chinitos locos” llamados The Imperial Surfers. Los reyes del hunka-hunka! desataron la mayor locura entre la gambas asistentes, sus ritmos frat, twist, rock & roll, garaje… fascinaron tanto que el público no pudo reprimir sus ganas de bailar sobre las tablas, subiendo así al escenario gran parte de los asistentes en más de una ocasión. Mis sufridas neuronas no llegan a recordar mucho más sobre el resto de la noche salvo que mis pies, como los del resto de asistentes no pararon de bailar hasta el alba con la fantástica selección de pinchadiscos internacionales como: Sebas Avilés; Jordi Duró; el capo de Soundflat, Marco traxel; Señor Patilla; Miss Taboo y Mike Clubman. En definitiva el primer finde de septiembre ha nacido un clásico entre los festivales de garaje de nuestra península ibérica que convertirá a la ciudad condal en el epicentro del desmadre en ediciones venideras: GAMBEAT WEEKEND FOREVER.

 

Ángel Martín-Pozuelo

Fotografía: Felipe Hernández

Autor: Raül Ruiz / Ángel Martín-Pozuelo

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