Conciertos

 

16-10-2015

Funtastic Dracula Carnival 2015. Benidorm, Alicante


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Diez años cumplía una de las timbas por antonomasia de todo el globo terráqueo, heredera directa de aquel Wild Weekend que del lluvioso Londres se trasladó al soleado Benidorm para solaz deleite de los aficionados del rock’n’roll más visceral, crudo, salvaje y desprovisto de artificios posible. El hecho de que en esta edición ventilasen la venta de entradas, allá por primeros de Junio, en tan sólo ocho minutos, da la idea de la magnitud que ha adquirido el evento, sin ningún tipo de trascendencia mediática pero gracias a un imparable boca a boca, y es que hablamos de una de esas citas en las que es imposible pasarlo mal. Sería como no disfrutar en la mansión de Hugh Hefner o en una noche de fiesta con el Rat Pack de Sinatra, algo a todas luces imposible. 

Ante una fiesta de estas épicas dimensiones, personalmente me lo tomo con calma, sabedor de que 72 horas continuadas de desparrame y rock’n’roll son demasiado para mi maltrecho cuerpo. Además hay que añadir que éste fue un Funtastic accidentado para quien esto escribe por una serie de circunstancias que no vienen a cuento. Tanto es así que cuando desde Sonic Wave me propusieron escribir una crónica al uso me mostré en principio reticente, ya que no vi siquiera la actuación de la mitad de los grupos, pero tras la insistencia del director accedí, dejando claro, eso sí, que esto no va a ser una crónica convencional sino más bien un pequeño relato subjetivo de lo vivido durante las jornadas del sábado y el domingo. No asistí a la fiesta presentación del viernes, pese a encontrarme ya en Benidorm con el apartamento reservado. La salud, amigos.   

De modo que el sábado, tras dormir 15 horas seguidas, acometí el ritual del vermú observando algunos tambaleantes cuerpos por las calles de Benidorm sin duda practicantes del conocido arte del “doblete”. Ya en la discoteca Ku, el famoso “ovni”, asistimos a una “pool party” desde las dos de la tarde con el imprescindible Wheelie Bag, un cachondo pinchadiscos inglés que con su propio Sound System lleva años amenizando este tipo de fiestas. Una garantía de diversión. En un escenario exterior, frente a la piscina, disfrutamos del elegante modern jazz de Up For It Quartet y del inclasificable Fela Borbone, uno de los maestros del “trash” patrio, además de una perfomance de aerobic y rock’n’roll. Pero la excitación se palpaba a medida que se acercaba el momento del mejor regalo de cumpleaños para el Funtastic. La icónica Ana Curra, incorporación de última hora y para muchos de los asistentes, entre quienes me incluyo, responsable del mejor concierto del fin de semana. 

Había escuchado críticas muy positivas sobre este proyecto que comenzó a presentar en 2012, desgranando el legado que entre el malogrado Eduardo Benavente y ella parieron bajo el nombre de Parálisis Permanente. Una banda veterana y engrasada con nombres míticos del punk-rock nacional (Rafa Le Doc, Manolo UVI, Cesar Scappa, José Battaglio) arropando a la gran Santa por excelencia del siniestro hispano. Uno tras otro fueron cayendo los temas como puñetazos buscando el mentón del público, con el característico sonido Parálisis sin haber perdido un ápice de autenticidad. Aún se me pone la piel de gallina al recordarlo.   

Noqueados tras la paliza propinada por Ana Curra, tardamos un tiempo en levantarnos de la lona. Tanto es así que ni siquiera asistí al concierto del pianista Henri Herbert y sólo estuve recuperado para disfrutar del fantástico bolo de Nikki Corvette con su nueva banda The Romeos, y acompañada a la guitarra de Morten Henriksen de los Yum-Yums. Si el post-punk afilado y asesino de Ana Curra sigue de plena vigencia, qué podemos decir del punk-pop ramoniano y vitamínico de Nikki con su colección de irresistibles estribillos y sus caramelizados himnos de eterna adolescencia. Fue otro de los grandes momentos del Funtastic, con la sencillez de una formación clásica de guitarra, bajo y batería y un Morten tan integrado en las esencias corvetteras que incluso el bis fue una de sus propias canciones, ese pepinazo que es “Your Biggest Fan” del “Blame It On The Boogie” de los Yum-Yums.

A día de hoy sigo sin poder hacer un juicio rotundo sobre la actuación de The Pagans, y vaya por delante que era la banda que más ganas tenía de ver. Para ponernos en situación, hablamos de una banda punk de Cleveland que hubiera rozado la categoría de “segunda fila” de no ser por un puñado de canciones incapaces de dejar indiferente a la primera escucha. No llegaron a editar ningún larga duración y sus singles se cotizan a buen precio entre los coleccionistas, significando la aparición del recopilatorio de Crypt “Everybody hates you” a mediados de los 90 el descubrimiento general de la banda para la gran mayoría de los punk-rockers de aquella década. No soy partidario de juzgar la música, por muy punk que sea, por la edad, que no deja de ser un número en un carnet de identidad, y siempre he pensado que el rock’n’roll no es atletismo y no hablamos de facultades físicas perdidas con los años, pero fue inevitable preguntarse, viendo a un cascadísimo (pero digno e impecable en la voz) Mike Hudson, qué sentido tenían en 2015 aquellas canciones que si algo las caracterizaban era la rabia, angustia y urgencia juveniles, interpretadas por una banda de cuya formación original sólo permanecía el citado Hudson y que había perdido todo signo de aquella rabia de la que hablamos. Aun así acabé envuelto en el fenomenal pogo de las primeras filas mientras Hudson escupía ese “What’s This Shit Called Love?”, una de las canciones más estremecedoras que he escuchado en mi vida. Sensación agridulce, e incluso si mi cerebro no me falla (que también puede ser), creo que se dejaron en el tintero alguno de sus mejores temas como “Nowhere To Run” o “I Juvenile”, pero no estoy muy seguro de ello dado las horas de la noche de las que hablamos, el estado etílico, y el maremágnum humano que arramblaba con todo. 

El domingo noche presentaba un cartel cojonudo, tanto que en vistas de recuperar fuerzas después del fiestón del sábado nos saltamos la fiesta vespertina del Rock Star (ya llegaréis a mi edad) Asistimos al puñetazo de los recuperados Ass Draggers, aquella banda asturiana que tuvo el honor de representar a España dentro de la galería de salvajadas de Crypt Records en los 90. Como se podía esperar siguen siendo una cafrada. Estar de animada tertulia en la terraza de una discoteca en una agradable noche otoñal en Benidorm tiene el peligro de que cuando levantas el culo te das cuenta de que te has perdido a Muck & The Mires. Imperdonable. Seguí haciendo vida social mientras Lo-Lite desencajaban su blues-trash y me empapé del salvaje rythm’n’blues de los franceses Les Grys-Grys en otro de los grandes bolos funtasticos de este 2015. La receta de los galos es clara y concisa. Beben de los grupos británicos más crudos de mediados de los 60, Yardbirds, Pretty Things o Downliners Sect, quienes a su vez bebían de la música afroamericana de años anteriores, se montan en la locomotora de los Crawdaddys y la escena de San Diego de los 80s, y ponen los amplis a tope para desquiciar al personal, no buscando camuflar deficiencias técnicas, porque tocan de fenómenos, si no buscando el directo a la mandíbula. Se lo pueden permitir. Puristas dentro de su salvajismo. Una banda muy compenetrada, en la que se notan los años de amistad desde el instituto y las tardes de ensayos y sudor, y una gran compenetración con la audiencia, los habituales numeritos de tocar entre el público y un armonicista fuera de sí realizando acrobacias colgado de las barras de sujeción del techo de la sala. Como una chota. Nunca he sido especialmente fan de Flat Duo Jets, ni tampoco de todos los dúos que vinieron detrás influenciados por la mítica banda, White Stripes a la cabeza. Particularmente creo que hay una saturación de combos de blues (o basados en el blues) de guitarra y batería, pero ese es otro tema. Máximo respeto para un tipo como Dexter Romweber, que lleva tocando rock’n’roll desde que era casi un niño, pero, lo han adivinado, estuve haciendo más vida social. Y llegaba la esperada traca final y fin de fiesta con The Sonics. La banda cuyo nombre por sí solo identifica a toda una escena. No puede existir un grupo en la historia más influyente para todo el garage posterior, de modo que parecía la guinda ideal al particular pastel de cumpleaños que se prepararon desde el Funtastic por sus diez años de desbarre. Es cierto que ocho años después de su retorno, en aquel mítico Cavestomp de 2007, puede no haber tanta “fiebre” por su presencia en los escenarios, ya que incluso han visitado España anteriormente (y sin ir más lejos habían actuado meses antes en un festival euskaldun, el Munsaka), pero ver a Gerry Roslie y Larry Parypa sobre un escenario interpretando canciones que son la biblia del garage es un acto de fe, pura devoción. No obstante el peso contemporáneo, al menos en lo vocal, lo lleva el actual bajista, Freddie Dennis. Personalmente me pareció un bolo correcto, alternando sus clásicos con temas de su último LP, en el que lo peor fue la insufrible espera hasta que salieron al escenario con una excesiva preparación de sonido e instrumentos. Teniendo en cuenta que hablamos de la banda que más ha hecho en la historia por reivindicar la “suciedad” en el sonido del rock’n’roll resultaba un tanto llamativo ver tanta preocupación por el mínimo detalle. De hecho creo que sonaron demasiado “bien” para lo que debería ser en una banda como The Sonics. 

No faltaron los fuegos artificiales, las pinchadas hasta el amanecer, las go-gos, proyecciones audiovisuales, y un montón de cosas más que otorgan al Funtastic su particular idiosincrasia. Una fiesta, no un festival, donde independientemente del estado de forma o de lo que tengan que aportar a día de hoy determinados músicos, se consigue rendir tributo al rock’n’roll haciendo que compartan escenarios artistas septuagenarios (o casi) como Roslie y Parypa junto a jovenzuelos como Les Grys-Grys, pasando por leyendas punks como The Pagans, o dando cancha a adolescentes como Power Balance (en la tarde del Rock Star) Sólo queda dar las gracias a Varo y Paloma, esa locuela pareja responsable de que una fiesta como ésta sea posible. Que cumplan muchos más. 

 

Autor: Pepe Kubrick

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