Conciertos

 

28-07-2015

Fuengirola Pop Weekend 2015. Fuengirola, Málaga


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Los ingredientes y atractivos del Fuengirola Pop Weekend, que ya va por su octava edición contra viento y marea del Mediterráneo, son claros, concisos y certeros como las canciones que alumbraron las sonrisas de los asistentes durante los tres días del evento. Un extraordinario cartel nacional (¿queda alguna gran banda estatal que no haya pasado por el FPW?) con los Muffs oficiando de colosal guinda internacional, todo ello en el incomparable marco de la Costa del Sol, en una  Fuengirola convertida en una auténtica “Felicia del Sur” (los asistentes al Felipop sabrán a que me refiero) r’n’r,  playa y ambiente de camaradería en un festival que comparte con el citado evento gallego la intimidad de los festivales pequeños, donde todo el mundo se conoce, o al menos se acaba conociendo, y es normal tomarte una cerveza con cualquiera de los músicos asistentes. Festivales así suponen un soplo de aire fresco para el melómano menos conformista, aquel que huye de los macrofestivales multitudinarios con carteles excesivamente cargados en los que a la hora de la verdad el protagonismo se lo llevan tres o cuatro nombres, y busca las virtudes de los conciertos recogidos, donde la comunión entre músico y espectadores es mayor y con ello el incremento del disfrute.

 

No pudimos asistir a la fiesta de calentamiento del jueves, con la presencia de los malagueños Silver Beats, combo especializado en homenajear y versionar a los Fab Four de Liverpool. Tampoco llegamos a tiempo para ver a los Surfin’ Beards, banda que desde Marbella y como sugiere su nombre le da al surf instrumental, o mejor escrito y para escapar de las estrecheces del término, al instro-rock. A la carrera pudimos asistir al final del gamberro show de los Oddballs, una trituradora frat-rocker que nos puso bien a punto para Zelators,  una banda de la que teníamos alguna referencia por el curriculum de sus miembros (Peter, miembro fundador de los Granadians y Chema, actual bajista de dicha banda, Silvia, ex –Mentalette tras su periplo berlinés y el mítico Oky Von Stoky) y realmente teníamos ganas de ver en directo. Fueron toda una revelación, pese a las limitaciones por el volumen. Un par de semanas más tarde pudimos verlos en el Rock Palace y confirmaron nuestras expectativas. Son una de las bandas más excitantes del momento con su vibrante punk/new wave y no podemos esperar a que tengan alguna referencia discográfica que echarnos a las orejas. Referencia que sí tienen Los Disparos (un 7” en Clifford Records), banda establecida en Madrid que trata de abrirse camino dentro de unas coordenadas musicales que si bien hoy día no parecen las más garantistas de éxito, si les asegura un lugar en el corazón de muchos fieles del pop español. Considerarles los mejores herederos posibles de Los Elegantes no resulta ninguna boutade, y eso resultan palabras muy mayores. Sobre Peralta imagino que los lectores ya conocerán sobradamente sus excelencias. Lo volvieron a hacer, y en esta ocasión por partida doble, ya que al día siguiente repitieron por sorpresa en la sesión vespertina. Son néctar y ambrosía, así de claro. Si alguien se pregunta a donde ha ido a parar el espíritu de The Band en su búsqueda por encontrar el poder atávico de la música desde que eran unos críos acompañantes de Ronnie Hawkins, le diría simplemente que escuchase el “Time, Purpose & Gold”. Por aquellos momentos de la noche ya nos dábamos por satisfechos, pero la noche nos preparaba una gran traca final en forma de doble plato granadino. Y es que tanto Los Granadians del Espacio Exterior como Al Supersonic & The Teenagers son dos bandas imbatibles a la hora de facturar una música para la que geográficamente no parecieran predestinados. Reggae y rocksteady en el caso de los primeros, dinamita soul en los segundos. Dos bandas superlativas en estudio y en directo. Qué grandísimo acierto juntarlas para cerrar una noche de viernes que se prolongó con las pinchadas posteriores y que acabó con los Granadians recibiendo el nuevo día grabando su último video-clip en la azotea de su hotel (busquen en You Tube su “Rocksteady Birthday” y vean lo que es la felicidad hecha música e imágenes)

 

El FPW no daba tregua y el sábado por la tarde, tras una comida de hermanamiento entre músicos, asistentes, pinchadiscos y organizadores, los malagueños Lux y los granadinos Los Esclavos tomaron las tablas junto a unos reincidentes Peralta. Lamentablemente me los perdí, y es que este cuerpo mío ya va necesitando descanso y 48 horas non stop se me hacen imposibles. Nos reservamos para la noche, que se abrió con los épicos Ships, la última locura en la que se ha visto involucrado un Paco Loco siempre empeñado en hacer honor a su nombre. Su música, y sobre todo la ejecución de la misma, es una barbaridad indescriptible, un pop dulce a la vez que macarra y de pelo en pecho. Las lecciones de Ken Stringfellow no han caído en saco roto. Si los Ships nos habían dejado con la boca abierta, había ganas de ver como unos habituales de los estudios de Paco Loco como los Feedbacks respondían al reto, con la bestia parda de Pibli (¿se bajó en algún momento del fin de semana del escenario?) domando el ritmo y Adolfo García presentando sus nuevas canciones como un compositor cada vez más crecido disco tras disco. La presencia de otro músico mayúsculo como Ángel Kaplan (uno de esos tipos para quien la música adquiere cualidad de vicio) les dotó de un delicioso empaque para el que gustase de distinguir las diferentes texturas que ofrecían las cuatro guitarras (contando la guitarra baja) en escena. 20 años alumbran ya a los Feedbacks, que partiendo de un power pop espídico y resultón han ido evolucionando y ampliando de colores su paleta musical para manejarse con espléndida soltura por sonidos y melodías capaces de recordar el mejor NRA, country-rock, alt-country, o cómo demonios lo quieran llamar, sin abandonar la querencia por los buenos estribillos del pub-rock o la new wave. En Fuengirola estuvieron cómodos ante una audiencia realmente entregada (foreros de Power Pop Action y Alta Tensión, siempre fieles en este tipo de eventos), y lo agradecieron con un concierto de altura. He de admitir que nunca he sido muy fan de Los Hermanos Dalton. Por alguna extraña razón nunca me han llegado hasta el fondo, y a pesar (o quizás precisamente por eso) de ser la presunta cabeza de lanza del estallido del power pop español de los 90 siempre me parecieron inferiores a bandas que no recibieron tanta atención de los medios como The Crepitos, Protones, o los citados Feedbacks. Entono un mea culpa y un acto de contrición ante una banda que tanto ha influenciado a algunos de mis grupos favoritos de la actualidad. En todo caso fue una delicia ver a tanto fan disfrutando de un combo capaz de aportar tanto a su público y celebrando el reencuentro con el mismo. Fue uno de los momentos álgidos del fin de semana en cuanto a interacción con los asistentes. Claro que sí míticos son los Dalton, ¿qué podemos decir de Alejandro Díez Garín?, después de poner a punto de ebullición la escena mod de nuestro país, dio un salto adelante con el cambio de siglo para dedicarse a lo que mejor saber hacer: componer canciones de pop, mayúsculas, y sin etiquetas. Una década y media con su proyecto Cooper, encarrilado definitivamente en la segunda mitad de esta andadura, cuando ha dado con una formación que parece ya inamovible (Dani, Nacho, y el inseparable Mario), logrando una gran compenetración y el equilibrio entre lo que es una idea personal, y a la vez una banda de rock and roll que en directo se comporta como tal. Lo bueno de Cooper es que las canciones son tan buenas que parece que echan a andar solas, y eso nunca falla en un concierto. Tras tanto show emotivo y de feligreses coreando canciones y emociones, faltaba el remate. La única banda internacional del fin de semana fueron esos Muffs que nos retrotrajeron a lo mejor de los 90, con una Kim Shattuck desatada a sus 50 años ya rebasados, pero que sigue mostrándose como un desvergonzado icono del mejor “riot grrrl”, acompañada de sus habituales Roy McDonald y Ronnie Barnett luciendo aspecto de eternos universitarios de UCLA (o de profesores universitarios, que a veces es prácticamente lo mismo) El furor uterino de Shattuck y sus anfetamínicos pildorazos de punk-pop siguen funcionando en 2015 igual de bien que a principios de los 90, cuando nos enamoramos perdidamente de la rubia cantante que aullaba aquello de “you’re a lucky guy”. Como no podía ser de otro modo la noche acabó con pinchadas plagadas de himnos hasta el amanecer, prologando un fin de semana desbordante de alegría y felicidad. Y es que hay que recalcar este hecho, ante la fagocitación de los macrofestivales patrocinados y subvencionados hasta el milímetro, el ejercicio de resistencia que supone un evento de estas características. Una reunión de amigos juerguistas y fanáticos de la música pop con algunas de sus bandas favoritas. Una fiesta, no un festival. Y es que la esencia de todo esto sigue residiendo en las distancias cortas.

 

Fotografía: Patrice Dang  

Autor: Pepe Kubrick

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