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30-03-2008

Freakland Festival 2008, melomanía berciana



La séptima edición del evento berciano conocido como Freakland tuvo como fecha nuevamente los piadosos días de la Semana Santa, y echando un rápido ojo al cartel, uno ya se da cuenta de que poco a poco, y felizmente, cada vez se está especializando en el

La séptima edición del evento berciano conocido como Freakland tuvo como fecha nuevamente los piadosos días de la Semana Santa, y echando un rápido ojo al cartel, uno ya se da cuenta de que poco a poco, y felizmente, cada vez se está especializando en el rock and roll más puro, y posiblemente el más olvidado, por lo tanto, el más underground.

El Jueves abrieron fuego los Chick-Tones de Santander, a los que desgraciadamente no fui. Llegué con un mono enorme de pinchar en un nuevo y muy recomendable bar de la ciudad, el Tiki Bar, y aproveché esa tarde para marcarme una pequeña sesión de rock and roll, garage y soul que espero que hiciera las delicias de los asistentes. Encarrilamos luego hacía la sala principal, La Vaca, donde Loveless Cousins, una banda coruñesa que apuesta claramente por el rock and roll de los 50 y el rockabilly, calentó el ambiente de los enfervorecidos rockers presentes, congregaron en buen número, principalmente las dos primeras noches. Surfin’ Lungs, una vez más, fueron una fiesta, cada vez con un repertorio de mayor recorrido, permitiéndose incluso el lujo de dejarse fuera de su set auténticos himnos como “Beach Bound” o “Spirit of Australia”. Servidor, que ya les habrá visto en directo como unas diez veces a lo largo de su vida, admite que no fue esta una de sus mejores noches, aún así con ellos la diversión y el baile siempre está asegurado. Tocaba cerrar la noche con uno de los platos fuertes, el siempre eficiente Deke Dickerson, Mr. Entertainment, un tipo que pasará a la historia, no lo duden, un estajonovista del rock and roll puro y duro, acompañado de un talento con pinta de despistado profesor de instituto, Crazy Joe, y el fino estilista de las baquetas Chris “Speedballs” Sprague. El nivel de esta gente, auténticos devotos y admiradores del rock and roll más puro, no lo vamos a descubrir a estas alturas. Un concierto de babear ofrecido por tres hombres que viven la música las 24 horas del día. Una fiesta, con todos esos tics y bromas que siempre hemos visto en muchas bandas americanas (Fleshtones, Young Fresh Fellows, Hi-Risers…), mucha comunión con el público, coreografía estudiada, constantes cambios de instrumentación entre los tres miembros de la banda. Tres talentos capaces de tocar, cantar, componer. Un único pero, quizás alargaron demasiado su show con tanta pseudo-perfomance, pero recuerden, amigos, estamos hablando de Mr. Entertainment. ¡Hicieron hasta un guiño a los Go-Nuts!

Entre actuación y actuación no faltaron distintas perfomances, aprovechando la fiesta de disfraces que tenía lugar esa noche, con la aparición de distintos personajes sobre el escenario. Después la consabida allnighter (mucho 50’s y 60’s) hasta las siete de la mañana, a reponer fuerzas algunos, y otros a seguir haciendo el cafre por ahí.

El Sábado todos llegamos a la sala con una sonrisa en la boca, se olía que era la mejor noche, y desde luego las expectativas se cumplieron con creces. The Fabulous Ottomans son una de las bandas, por desgracia más singulares de nuestro país, y digo por desgracia porque no hay muchas bandas que se dediquen a esta música, y sobre todo con tanto tino. Yo les definiría sobre todo como una banda soul y rythm and blues, pero pasada por el refrescante tapiz del frat, y con un front-man alocado y jovial que invita al público a no quedarse de brazos cruzados. Vamos, una “banda-fiesta” como Dios manda. Con el buen sabor de boca dejado por los otomanos, llegó el turno para los Vibrants, algo así como unos Hi-Risers catalanes, mucho r’n’r blanco y r’n’b negro, y mucha calidad, y una muestra más del buen momento que vive esta música en nuestro país. Los Stems, como no podía ser de otra manera, fue una demostración de clase y profesionalidad. El brillo en la mirada que pude apreciar en Don Mariani en los camerinos, minutos antes de salir a escena a pesar de su fiebre, sólo se les ve a los grandes, a aquellos que independientemente de su edad siguen dándolo todo sobre un escenario, a los que han nacido por y para esto y lo viven las 24 horas del día, a los que son músicos de pura raza y de pura sangre, no burgueses que de vez en cuando se disfrazan para ser más cool, si no a los auténticos románticos de la música pop y del rock and roll. Para mí fue la mejor actuación del festival, a pesar de que en sus directos en este tipo de eventos, por desgracia, han abandonado su vena más pop para complacer a la audiencia más rockera, convirtiéndose en una maquinaria de garage perfectamente engrasada que ofrecieron una actuación implacable e impecable. Ni un pero. Con el listón tan alto tuvieron que lidiar los Montesas, además de con sus propios problemas de no poder contar con su teclista, con ese personal sonido farfisa ideal para su mezcla de rock and roll 50’s y 60’s beat, en la onda que han venido haciendo en los últimos años bandas como los Kaisers, por ejemplo. Una banda que sale tan airosa de hacer una lectura del clásico doo woop de mediados de los 50 “Ain’t got no home” de Clarence “Frogman” Henry, como del poderoso himno freakbeat “One fine day” de Shel Naylor, está claro que se merece un monumento, dentro de un mundo en el que a veces impera el talibanismo más absurdo, y por desgracia algunos rockers decidan ignorar claramente todo lo que se salga de “su rock and roll”. Al igual que el Jueves, la noche acabó con pinchadas en el Tiki Bar y en la sala El Paso, hasta que se hizo de día literalmente, como tiene que ser en fiestas de este tipo.

Había que sacar fuerzas para el día siguiente, que empezó pronto con la ruidosa, pero inteligente, propuesta del dúo pucelano Los Idiotas, quienes ofrecieron un concierto de tarde ideal para quitar las legañas con sus ataques y andanadas de blues deconstructivo y garage lo-fi que les emparentan directamente con los Gories o la JSBX. Tras despertarnos con el puñetazo sónico de Los Idiotas, nos encaminamos a La Vaca en busca de la gran traca final del Freakland 2.008. Para el último días los organizadores decidieron orientar el cartel hacía sonidos, digamos, presuntamente más poderosos (aunque en ocasiones esta música me parece de lo más inofensiva), macarras y salvajes, comenzando con The Capaces, una banda que se mueve en terrenos de punk-rock del de toda la vida, pero que apenas lograron concentrar mi atención. Peor aún fue lo de los Bloodlights, una anodina hora de correcta, impoluta y blandísima ejecución de hard-rock absolutamente frío e impersonal. Más de lo mismo. No creo que dentro de diez años nadie se acuerde de ellos. Los Dwarves, afortunadamente, son otra cosa. Manejan un lenguaje propio, y sobre todo, tienen canciones, enormes canciones algunas de ellas. Ya no son la descerebrada banda que tocaba mosqueantes conciertos de 15 o 20 minutos, ahora son músicos, que sean unos proto-punks monumentales y les guste montarla en el escenario no es incompatible a que se porten con la requerida profesionalidad. Una hora de concierto que aún se hizo corta, sin apenas paradas ni descanso, una locomotora.

También se hizo entrega, como no, un año más de la famosa Copa Freak, que este año recayó en una guapa berciana conocida como MJ, fiel asistente al Freakland desde sus comienzos, fanática y pasional seguidora del rock and roll. Desde aquí nuestra enhorabuena.

Por supuesto, el Freakland tiene muchas otras cosas que no nos cansamos de repetir: muy buen ambiente imperante, una organización responsable y supercurrante, una ciudad engalanada durante esos días, capaz de ofrecerte la mejor gastronomía y las más acogedoras tascas, y mucha música. Yo personalmente pinché los tres días, pudiendo cerrar el Sábado con una gran traca soul para corazones a punto de explotar. Fueron tres grandes días y noches llenos de buena música, hermandad, y buenos amigos. No puede pedirse más, y mejor no recrearse demasiado en el recuerdo, ahora que volvemos a la rutina de un trabajo que absolutamente nada tiene que ver con todo aquello. Injusticias de la vida.

La mirada ya está puesta en el Freakland 2.009.

Fotografias: Beatriz Rojas

Autor: Pepe Kubrick

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