Conciertos

 

25-06-2018

Elemento Deserto & Papaya Club. Boogaclub, Granada


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En unas fechas en las que la marabunta corre como gallinas descabezadas hacia los más variopintos y peregrinos festivales para ver sesenta bandas en un fin de semana a cambio de una talegada, esta noche de viernes se verifica en la ciudad un bolo a la antigua usanza, grupo principal y telonero, unidos por su vocación sicodélica y brillante pericia instrumental para desarrollarla, todo ello a cinco euros por barba. También como en los viejos tiempos, de los que ambos grupos toman los nutrientes que los alimentan, las dos formaciones vienen lideradas por sendos y notables guitarristas convencidos que su instrumento vale para algo más que para flexionarse sobre él o perderse en absurdas filigranas en búsqueda de la nota perfecta. Es la primera vez que presencio un bolo de Papaya Club, y la impresión supera con creces las buenas referencias que sobre ellos me habían llegado. Liderados por el solista Enrique Agüera y con Daniel Levy al bajo haciendo sesión doble, temas como “Raven” documentan su gomosa pericia para transitar desconocidas dimensiones, con un estilo personal y desligado de moda alguna.

Por su parte Elemento Deserto no hacen sino confirmar en sus sucesivas presencias escénicas que no hay quién les haga sombra en la escena nacional: con la base propiciada por Antonio Pelo Mono a la batería y el mencionado Levy sobando las cuatro cuerdas, la dupla guitarrera conformada por Antonio Travé y Tony Molina se muestran absolutamente demoledores, tanto en su apropiación dylaniana del  “Meet Me In The Morning” al que empapan de blues hasta el tuétano, la sutil escalada mental que propone “School Days” o la tremenda caña motorizada de “Black Horse” con las que se despiden y nos dejan trastocados. No puedo, ni debo, evitar llamar la atención sobre el mencionado Molina, un guitarrista de categoría extraordinaria, todavía joven, que sabe sacar de su instrumento jugo sicodélico, ritmo negro y excursiones mentales más allá de lo progresivo, siempre elegante, sin buscar en ningún momento el gratuito lucimiento personal. Todo un portento al servicio de una banda que apunta descaradamente a lo más alto.

Autor: Manuel Borrero

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