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12-06-2014

Chuck E. Weiss, merodeando por lo callejones traseros del rock&roll


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Nos introducimos en la siempre peligrosa senda de la mitomanía, avisados quedan. Tampoco es cuestión de alarmarse, se supone que los lectores sónicos, aficionados a músicas pergeñadas las más de las veces con mucho de tripas y menos de raciocinio, están habituados a recorrer estos caminos. El tipo que nos ocupa reúne todas las características propias del currículo de los beatiful losers, esa categoría de músicos que no acumulan en sus alforjas una gran obra, pero que por variopintas y en muchos casos peregrinas razones, se hacen irresistibles para cazadores de tesoros escondidos, rastreadores de talentos ocultos.

Viene al mundo el protagonista de nuestra historia en alguna –incierta- fecha de finales de la década de los cuarenta en Denver, donde sus progenitores regentaban una tienda de discos, The Record Center, rodeado por tanto de ambiente musical desde la cuna. Es habitual la familia Weiss del Ebbetts Field, un bareto de blues, donde el adolescente Chuck traba amistad con el legendario Lightnin´ Hopkins, que sorprendido por su habilidad con las baquetas no duda en reclutarlo para su banda: inicio de una fértil carrera como músico de acompañamiento, recalando tras los tambores en compañía de Muddy Waters, Roger Miller o el huraño Mac Rebennack. Es así mismo en la capital de Colorado donde conoce a Tom Waits, con el que compone algún tema a medias, convenciéndolo el borrachín para que se mudase a Los Ángeles, recalando en el costroso Tropicana Motel, guarida habitual de fauna aficionada a perjudicarse el cuerpo. Será otra de las habituales del roñoso establecimiento ubicado en West Hollywood, la rubia Rickie Lee Jones, quien lo puso en la órbita de un conocimiento más general, al titular “Chuck E´s In Love” el tema estrella de su homónimo debut. Dos años después, en 1.981, convence a la discográfica Select Records para que le publique “The Other Side Of Town” irregular manojo de demos y maquetas dispersamente grabadas. Le vale sin embargo ser artista con producción discográfica para recalar mas de una década como banda residente en The Central, garito que tiempo después gestionará junto a Johnny Depp, transformándolo en The Vipper Room. Tarda diez y ocho años en volver a publicar, pero en esta ocasión toca el centro de la diana: “Extremely Cool”, explicito título, contiene exquisitas de recreaciones de la mejor música de raíces americana, pasión por el ambiente de los garitos humeantes, con ese deje chulesco y arrabalero que brilla irresistible en el tema que le da título, por citar alguno. Es la de Weiss una carrera irregular y bregosa de seguir, muy dispersa en el calendario –cinco discos en treinta y tres años- que afortunadamente vuelve a asomar con otra pequeña obra maestra; manteniendo el planteamientos de apetitosa mezcolanza estilística, lanza el molón “Red Beans & Weiss” que cuenta con el respaldo de Tom Waits en la producción y de su compinche Depp en la parte ejecutiva. Si una portada define el contenido de un disco, animo al posible comprador a que se haga con la chulisima versión en doble vinilo a 45 rpm; de esta manera podrá disfrutar con mayor claridad de ese fresco en el que vienen retratados ejecutantes e inspiradores, pudiendo identificar a la Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Fats Domino, Hank Williams … recreando un universo musical de marcada personalidad donde hay cabida para rock and roll de vieja musical, roncas tonadas inspiradas por Waits (o quizás al revés) boggie vacilón, alegría fronteriza, una original versión del “Exile On Main Street”. Música para disfrutar y chascar los dedos, es muy posible que te sorprendas cualquier día silbando por la calle “Tupelo Joe” o “Willy´s In The Pee Pee House”. Guapamente.

 

Autor: Manuel Borrero

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