Conciertos

 

26-04-2015

Casablanca. Sala Utopía, Zaragoza


1

Un inesperado cambio de sala a última hora, que despistó a más de uno, sería la nota predominante en el regreso de Casablanca a Zaragoza. La poca venta de entradas, ayudado en parte por un puente festivo en la comunidad, obligó (amén de otras negociaciones) a trasladar el concierto a la sala Utopía. Para esta ocasión, la banda sueca vino acompañada por dos grupos más, GrimComet y Rocket Queen. Como ya hemos comentado, el trueque de sala fue una de las razones por la que nos perdimos a los primeros en tocar, los locales Rocket Queen. Con GrimComet comenzados llegamos a tiempo para presenciar parte de su actuación. Los madrileños, que presentaban su primer LP Pray for the Victims, transitan terrenos que van desde el hard-rock setentero, pasando por el thrash-metal de Megadeth y llegando hasta el stoner-rock.

Tras GrimComet, el poco público se agolpó en las primeras filas con la intención de conseguir un buen sitio y ver de cerca a los nuevos ídolos de la parroquia hard-rockera, Casablanca. Entre tanto, los músicos iban afinando sus instrumentos, Josephine montaba su batería, y un extraño personaje,cubierto por un pañuelo, pululaba por la sala. El repique de campanas de “The Giant Dreamless Sleep” nos anunciaba el inicio del show. Pronto supimos quién era aquel personaje escondido bajo un pañuelo; no era otro que el cantante Anders Ljung, una mezcla de David Lee Roth y rey semi-dios persa cual Jerjes en las Termópilas, poseedor de una voz negroide con un deje a Phil Lynott. Esta vez no teníamos a Ryan Roxie, excelente guitarrista estadounidense curtido en la banda de Alice Cooper, afincado en Suecia, y artífice del éxito de Casablanca; un joven y apuesto guitarrista ocupaba su lugar. La banda sonó todo lo mejor que pudo en el pequeño escenario de la sala, destacando sobre todos, Josephine Frosman, motor de la banda y protagonista del bolo. Siguieron con “Barriers” y “Riding a Black Swan”, canción titular del último LP, a la espera del nuevo. El vocalista, ya con el rostro descubierto y botella de vino en mano, iba dirigiendo la función: “tú aquí, él allá, míralo, síguele, cómo toca, aprende…”.Todo hay que decirlo, es un tipo con imán y un carisma atrayente, aunque, desgraciadamente, no fue su noche y la voz no consiguió los niveles esperados. No así, como hemos comentado antes, Josephine, que en una interrupción del sonido del bajo y guitarra, continuó machacando su instrumento hasta casi acabar con él. Del resto del repertorio hay que decir que siguen confiando en su álbum de debut, el magnífico Apocalyptic Youth, que a día de hoy es el mejor disco de hard-rock grabado en el siglo XXI. Porque Casablanca tiene canciones, algo fundamental en una banda. Hacia el final del concierto, Anders de nuevo, y solo en el escenario, cantó (guitarra en mano) la bonita “Downtown” con la ayuda del público. Los suecos fueron generosos en el tiempo y nos brindaron una hora larga de actuación. En resumen, no vimos la mejor versión de Casablanca aunque sí una parte de ella, pero confiemos en que su progresión siga in crescendo, porque sería una pena perder un diamante en bruto todavía por sacarle mucho brillo.

Autor: Rubén Vela

Bookmark and Share