Conciertos

 

28-02-2011

Big Sexy Noise & John Sinclair. El Sol, Madrid


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Por mas tiempo que lleva uno metido en este negocio, no deja de sorprenderme (y asquearme en cierto sentido) la indiferencia que el público madrileño manifiesta hacia eventos de la trascendencia e interés más allá de lo meramente musical del aquí reseñado. Cualquier monigote de la industria musical, flor de un día, es capaz de llenar grandes recintos, pero cuando se nos presenta un cartel que combina a uno de los grandes gurús de la contracultura y la esperada presentación del proyecto que une a la agitadora Lydia Lunch con los enormes Gallon Drunk, el público falla como vulgar escopeta de feria. Y no fue moco de pavo lo que muchos se perdieron.

 

Abrió la noche John Sinclair, que apoya su discurso con la dañina guitarra de James Johnston en clave blues primitivo. El ex white panter  disertó a lo largo de cuatro temas acerca del papel del blues en la cultura americana, del absurdo del mundo capitalista, del papel de los afroamericanos en la historia de su país … en fin, de los temas que le obsesionan y por los que lleva luchando más de cuarenta años, y por los que ha sufrido represión, persecución y largos periodos entre rejas. Un pedazo de la historia del pasado siglo a menos de un metro de distancia.

 

Sin apenas descanso toman el escenario Big Sexy Noise, comandados por una Lydia Lunch que se mostró en plena forma, provocativa y siempre incisiva en su discurso. Y que decir de la banda de apoyo: actualmente no hay quien les haga sombra, incluso esta noche que se ven reducidos a trío. Siembran el escenario con una capa de ponzoñosas brasas incandescentes, que mezclan blues, punk y free jazz, sobre las que la Lunch escupe su vitriolico discurso, completando un set de apenas una hora que deja trastocados a los asistentes, noqueados tras recibir tan sobredimensionado amperaje de música en estado crudo. Aunque apenas se han consumido dos meses de este 2011, tengo serias dudas de que podamos presenciar el resto del año superior muestra de intensidad escénica.

 

Fotografía: Raúl Ranz  

Autor: Manuel Borrero

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