Artículos
09-10-2003
Azkena Rock Festival 2003, Parque De Mendizabala (Vitoria
No decepcionó tampoco el cartel del último día del Azkena, al que dedicamos la segunda parte de nuestro dossier. Próximamente ofreceremos monográficos específicos de las actuaciones de Iggy & The Stooges y Ray Davies.
Sábado, 13 de septiembre 2003
Escenario San Miguel / Petti / 17:00 h.
Escenario Azkena / Jet Lag / 17:30 h.
Tras un eufórico arranque del festival con un magnífico viernes, la cosa pintaba también estupendamente para el sábado. Desconocido para la mayoría, el cantautor vasco Petti fue una de las sorpresas del día, dejando muy buen sabor de boca a quienes pasaron de la final del Eurobasket y se acercaron al Parque De Mendizabala por la tarde. Les llegó el turno después a los madrileños Jet Lag, grupo de pop exquisito que está exportando su creciente reputación más allá de nuestras fronteras. (Redacción)
Escenario San Miguel / The Cherry Valence / 18:00 h.
Acudí a mi tercera exposición del año a The Cherry Valence con la seguridad de que iba a disfrutar de un gran concierto, pero con la duda de si serían capaces de no perder el nivel de intensidad y de mantener mi atención al cien por cien. Así fue. Lastrados por lo intempestivo del horario, un sol que me comí de pleno y un público no del todo entregado –entre impactado y perezoso–, se lanzaron a tumba abierta a la manera habitual, con precisas guitarras y una base rítmica que, definitivamente, no es de este mundo. Me pareció reconocer más influencias negroides que otras veces –sobre todo por la parte que toca al batera/cantante rubio–, y creo que dejaron muy claro que lo suyo no es necesariamente mejor en un local pequeño. Muy buen concierto, mucho hard-rock e insuperable actitud escénica. Estamos ante una banda importante, que ahora debe esforzarse para lograr que sus discos reflejen lo que es en directo. (Eduardo Ranedo)
Escenario Azkena / The Jeevas / 18:45 h.
The Jeevas, grupo al que muchos han colocado indebidamente el sanbenito de indie, tienen buenas canciones y suenan convenientemente rock cuando quieren. Su actuación en Vitoria ascendió peldaños a marchas forzadas, tras un inicio accidentado en lo sonoro y un tanto soso, hasta pillar un crescendo interesante que, entiendo, debió satisfacer a todos quienes atendieron con las orejas –y la mente– abiertas. Lástima que su sección rítmica se limite a cumplir y no empuje un poco más, puesto que de esta manera la guitarra de Crispian Mills no se encontraría tan forzada a llenar espacio. En cualquier caso, y pese a que está claro que pueden ofrecer mejores bolos, una banda a considerar y un buen segundo disco suyo el que se avecina, a tenor de lo que pudimos catar. (Eduardo Ranedo)
Escenario San Miguel / Hermano / 19:45 h.
Sin discusión alguna, una de las grandes sorpresas de este festival. John García es una figura de culto para los seguidores de la saga Kyuss, y la expectación de verle por primera vez cantando en nuestro país fue ampliamente saciada. En escena, García muestra poderío y fuerza, pero se le ve relajado y tranquilo. Posee cierta aura de dios rockero, pero también de tipo cercano con el que uno se iría a tomar unas cañas. Y su voz sigue estando en plena forma, para deleite de todos nosotros.
Siendo un grupo cuyo estilo se suele meter en el saco de eso que llaman "stoner", Hermano tiene en vivo un sonido robusto y fuerte, pero nada saturado, en el que todas las partes de los instrumentos se perciben claramente. La banda suena como una unidad en la que no hay protagonismos, aunque, inevitablemente, todos los ojos están puestos en García. "Only A Sugestion", su disco de debut, es un buen trabajo, pero en esta actuación lo hicieron subir muchos, pero muchos enteros. Al final del concierto, uno tuvo la sensación de haber visto algo realmente grande. La banda salió muy motivada, a por todas, y poco a poco sus arenosos riffs fueron envolviendo al público, que los despidió con una gran ovación y con muchas ganas de más. "The Bottle", "Señor Moreno's Plan"... Uno a uno cayeron todos los títulos del único álbum del grupo, además de algunas sorpresas. La primera: un tema nuevo, dedicado a la policía y cantado por uno de los guitarristas (mientras Garcia aprovechaba para fumarse un porro ofrecido por un fan). La segunda: una magnífica cover de "Where Eagles Dare", de los Misfits, con el estribillo algo más ralentizado que en la versión original. La siguiente lectura, el "T.N.T." de AC/DC, hizo mover el trasero a todo bicho viviente en más de dos kilómetros a la redonda. Pero todavía quedaba ese momento que todos estábamos esperando. La impresionante interpretación del "Green Machine" de Kyuss dejó extasiados a los fans más acérrimos de García, y con una amplia sonrisa al resto del público. Un final impecable para un concierto perfecto que nos dejó a todos con la miel en los labios. Chapeau. (M.A. Velaza)
Escenario Azkena / Teenage Fanclub / 20:45 h.
Cada vez estoy más convencido de que a Teenage Fanclub sólo les queda superar un obstáculo para convertirse en uno de los grupos clásicos de la historia del pop, y ese obstáculo es la contemporaneidad. Lo pude comprobar de nuevo en Vitoria, viendo a cientos de personas corear himnos que ya resultan imperecederos, y melodías que revolotean en nuestra cabeza una y otra vez. Cuando pase el tiempo y veamos todo con perspectiva, nos daremos cuenta de que Teenage Fanclub constituyen otro eslabón en esa cadena de melodías + armonías vocales + guitarras que comenzaron grupos como los Byrds en los 60, continuaron Big Star en los 70 y ha llegado a su plenitud en nuestros días gracias a los escoceses. Conscientes de sus influencias y mimetismos, Teenage Fanclub han aportado algo que hasta estos últimos tiempos no está siendo reconocido: a base de recrear sonidos pasados desde un punto de vista actual, han conseguido un sonido propio, lo que hace que al escuchar a determinados grupos (como Cosmic Rough Riders, o nuestros Happy Losers), se diga que suenan a Teenage Fanclub, en lugar de que suenan a los Byrds. Si no vemos esto como un logro para considerarlos clásicos, estamos siendo injustos con ellos.
Tras 14 años de carrera, con conciertos buenos y malos (¿quién dijo que los Byrds no daban malos conciertos?), discos mejores y peores, aciertos y desaciertos, Teenage Fanclub han llegado a un punto de madurez en el cual saben de sus limitaciones, pero también conocen sus virtudes. Estas últimas las han explotado al máximo en su última gira, brindándonos, una tras otra, algunas de las canciones que les han hecho ser lo que han sido a lo largo de este tiempo. Y digo "algunas" porque todavía son capaces de guardarse grandes temas en el tintero ("Radio", "Alcoholiday" y otros muchos que no tocaron), o de no hacer versiones, que ya sabemos que a menudo son apuesta segura.
En el Azkena, aparecieron como siempre, con la modestia que les caracteriza, con su habitual ausencia de pretensiones (aun pudiendo llenarlas con hechos constatados como son sus canciones) y con una cercanía con el público que transmitieron desde el momento mismo que pisaron el escenario. Ayudados por Francis MacDonald a la batería (el alma máter de BMX Bandits y Nice Man, y miembro original de la banda), fueron interpretando piezas de toda su carrera, desde las primerizas "God Knows It's True" y "Everything Flows" hasta las más recientes "I Need Direction" y "Ain't That Enough", pasando por "Star Sign", "About You", "Neil Jung" y "Don't Look Back", y tocando incluso una inédita del recopilatorio que les han publicado recientemente. Con todo, siguieron prescindiendo en directo del infravalorado "Thirteen". Una auténtica pena.
En cuanto a la ejecución, también les vimos como siempre, imperfectos y espontáneos. Nunca les ha importado parar una canción en caso de que una guitarra esté desafinada o en caso de equivocarse. Para algunos, una falta de profesionalidad. Para otros, una demostración de naturalidad y, quizás, de perfeccionismo. Esta vez no fue algo tan exagerado como en otras ocasiones, y sólo les pasó en "I Don't Want Control Of You", donde una guitarra sonó desafinada (aunque por lo menos yo se lo perdono). Todo ello con un sonido excelente, como el de resto de grupos del festival, con unas voces casi perfectas e interpretando fielmente todo el repertorio que emocionó a un público incondicional que no paró de corear cada tema.
Para el final, como perfecto colofón de la noche, guardaron "The Concept", en su versión "corta", eso sí, empalmada con "Satan", para sorpresa de muchos. Y después de volver a verlos, me sigue quedando la sensación de haber estado disfrutando de unos músicos a los que la historia pondrá en su sitio y que, en el futuro, serán reivindicados con tanta fuerza como muchos reivindicamos hoy a Big Star, Raspberries o Left Banke. Entonces nos sentiremos agraciados por haber podido contemplarlos en directo en plenitud de facultades, como les vimos el sábado. (Power Pep)
Escenario San Miguel / Steve Earle & The Dukes / 21:45 h.
Steve Earle nos visitaba por tercera vez este mismo año, si bien, en esta ocasión, en concierto eléctrico acompañado por los Dukes, con el ex Del Lords Eric Ambel (poseedor del secreto de la eterna juventud, derrochando clase y saber estar) y con un bajista baciloncete que no pegaba ni con cola. En su hora y pico de actuación, el forajido Earle, que dejó claro que su adelgazamiento no ha de preocuparnos, fue convidándonos a tragos de bourbon de prácticamente toda su discografía, de su época pre y post afición al temita duro y a las recortadas, haciendo hincapié en su último trabajo, "Jerusalem", con balazos como "Amerika V. 6.0 (The Best We Can Do)", "Ashes To Ashes" o "John Walker's Blues". Sin dejar hueco para versiones, también sonaron "I Feel Alright", la legendaria y fronteriza "Taneytown", "Here I Am", "Someday" o "More Than I Can Do", cerrando en el bis con la coreada "I Ain’t Ever Satisfied".
Hubo tiempo para que los Dukes dejaran al maestro a solas con su guitarra acústica, en temas espeluznantes como "Billy Austin" o "My Old Friend The Blues", durante los cuales a más de uno se le saltaron las lágrimas. También se arrancó con la mandolina (algún impertinente presente, merecedor de la horca, se atrevió a insinuarle que cantara "Clavelitos"...), atacando uno de sus clásicos: "Copperhead Road".
Un pequeño lunar en su actuación pudo ser, aparte de pequeños e incómodos problemas con el sonido, dedicarle al tapón Manitoba y sus muchachos su "N.Y.C.", mientras que el difunto Johnny Cash aguardaba en el infierno algún recordatorio. Aunque, bien pensado, el canalla Steve tendría sus razones. (Ignacio Fernández)
Escenario Azkena / The Hellacopters / 23:30 h.
Saltaron al escenario rodeados de cámaras para la grabación de un vídeo clip (aunque hubo quien habló de también un DVD en directo) y con un sonido pobre en volumen que no hizo ninguna justicia a su rock poderoso. No pudieron superar lo ofrecido dos semanas atrás en el Serie Z (a juicio de muchos, su mejor actuación en nuestro país hasta la fecha), pero cumplieron con creces. No lo tuvieron complicado con su repertorio cargado de canciones que ya saben a clásico y con la enorme compenetración que exhiben sobre las tablas desde hace tiempo. Su set hizo mayor hincapié en sus dos últimos trabajos, aunque no olvidó repasar el resto de sus álbumes. Dejaron para el final una contenida versión del "Search & Destroy", que muchos vimos ya desde las enormes pantallas del otro escenario, mientras esperábamos la salida de Ray Davies, y que quedó ensuciada por la inevitable presencia de Texas Terri y su físico recauchutado. ¡Por favor, que alguien la deporte de una puta vez! (J.F. León)
Escenario San Miguel / Ray Davies / 01:00 h.
Si la ciencia avanza hacia la clonación de seres humanos, la naturaleza se ha encargado ya de lo que, pedestremente, podríamos llamar "anticlonación", es decir, de producir negativos, y así el de Iggy Pop es Ray Davies. Indómito, exhibicionista, intuitivo y feroz, el primero. Observador, ambiguo, irónico y sutil, el segundo. Todas estas cualidades son apreciables a los 20 años, pero el paso del (mucho) tiempo ha desteñido unas – las de Iggy–, mientras otras –las de Ray– se han fortalecido.
Viene esto a cuento de la hermosa actuación de Ray Davies en un concierto que, vaya por delante, fue irregular. Davies, elegante, blazer marino y bufanda a juego, empezó acústico con el repóker "A Well Respected Man"/"Waterloo Sunset"/"Sunny Afternoon"/"Dead End Street", en el que le vimos jovial, comunicativo y con una voz en excelente estado. Ya con la banda al completo, atacó "Victoria", uno de los grandes momentos de la noche. Y fue ahí, con el público entregado, cuando se enredó: a una larguísima "20th Century Man" le siguieron las novedades "Stand Up Comic" (en una línea music hall) y "The Morning After" (fallida al faltar la guitarra de Ira Kaplan –Yo La Tengo–). A "I´m Not Like Everybody Else" le sobró la arenga proindividualismo y le faltó la fuerza del hermano Dave, que cantó el original en 1966. Tampoco la reciente "The London Song" estuvo a la altura.
Salió del atasco con "Where Have All The Good Times Gone?", espléndida, pasando a momentos más tranquilos de sing-a-long con "Tired Of Waiting For You" y "Set Me Free". La cima de la noche –y del festival– se alcanzó con una bestial "All Day And All Of The Night", que ni con los Kinks. Continuó con "Celluloid Heroes", preciosa, y acabó (mal) con "You Really Got Me", donde más añoramos a Dave Davies. Para el bis más reclamado del fin de semana, Ray se guardó una versión algo almibarada de "Days" y la traca final que siempre es "Lola", llena de fuerza, de energía.
Estaremos de acuerdo con los más críticos en que el show presentó altibajos, pero no nos ceguemos: a esos altos sólo llegan 3 o 4 glorias. Y Ray Davies es una de ellas, si no la primera. (Alfonso M. M.)
Escenario San Miguel / The Dictators / 03:00 h.
Hay que tener lo que hay que tener para salir a actuar a las tres de la mañana, tras dos días de intensos conciertos, y ponerlo todo patas arriba. Y los Dictators demostraron de sobra que lo tienen. Lo cierto es que no puedo afirmar si la suya fue o no una buena actuación. Aquello, más que un concierto de rock & roll, fue una bacanal. Vasos, botellas, guitarras hinchables y personas volaban de un lado a otro, mientras las primeras filas se convertían en una frenética danza bañada en sudor. Los Dictators habían llegado a la ciudad, y la fiesta no había hecho más que comenzar.
Sigo echando de menos la segunda guitarra, sobre todo en algunos temas, pero quizá no tanto como en su última visita por estos lares. Aunque con un repertorio que incluye "Pussy And Money", "Baby Let's Twist" o "(I Live For) Cars And Girls", y con esa fiera que es Ross "The Boss" a la guitarra, cubierto por el genio de Andy Shernoff, nada puede salir mal. Y bueno, ¿qué decir de Manitoba? Encarándose al público, moviéndose sin parar de forma muy expresiva mientras ponía voz a esas festivas y entrañables melodías... También hubo un hueco para un tema de Manitoba's Wild Kingdom, "The Party Starts Now!!", en un show lleno de acción y diversión. El broche de oro para un gran festival. Y este noviembre The Dictators vuelen de gira a ésta, su segunda casa. Ah, ¿no es bella la vida? (M.A. Velaza)
Escenario San Miguel / Petti / 17:00 h.
Escenario Azkena / Jet Lag / 17:30 h.
Tras un eufórico arranque del festival con un magnífico viernes, la cosa pintaba también estupendamente para el sábado. Desconocido para la mayoría, el cantautor vasco Petti fue una de las sorpresas del día, dejando muy buen sabor de boca a quienes pasaron de la final del Eurobasket y se acercaron al Parque De Mendizabala por la tarde. Les llegó el turno después a los madrileños Jet Lag, grupo de pop exquisito que está exportando su creciente reputación más allá de nuestras fronteras. (Redacción)
Escenario San Miguel / The Cherry Valence / 18:00 h.
Acudí a mi tercera exposición del año a The Cherry Valence con la seguridad de que iba a disfrutar de un gran concierto, pero con la duda de si serían capaces de no perder el nivel de intensidad y de mantener mi atención al cien por cien. Así fue. Lastrados por lo intempestivo del horario, un sol que me comí de pleno y un público no del todo entregado –entre impactado y perezoso–, se lanzaron a tumba abierta a la manera habitual, con precisas guitarras y una base rítmica que, definitivamente, no es de este mundo. Me pareció reconocer más influencias negroides que otras veces –sobre todo por la parte que toca al batera/cantante rubio–, y creo que dejaron muy claro que lo suyo no es necesariamente mejor en un local pequeño. Muy buen concierto, mucho hard-rock e insuperable actitud escénica. Estamos ante una banda importante, que ahora debe esforzarse para lograr que sus discos reflejen lo que es en directo. (Eduardo Ranedo)
Escenario Azkena / The Jeevas / 18:45 h.
The Jeevas, grupo al que muchos han colocado indebidamente el sanbenito de indie, tienen buenas canciones y suenan convenientemente rock cuando quieren. Su actuación en Vitoria ascendió peldaños a marchas forzadas, tras un inicio accidentado en lo sonoro y un tanto soso, hasta pillar un crescendo interesante que, entiendo, debió satisfacer a todos quienes atendieron con las orejas –y la mente– abiertas. Lástima que su sección rítmica se limite a cumplir y no empuje un poco más, puesto que de esta manera la guitarra de Crispian Mills no se encontraría tan forzada a llenar espacio. En cualquier caso, y pese a que está claro que pueden ofrecer mejores bolos, una banda a considerar y un buen segundo disco suyo el que se avecina, a tenor de lo que pudimos catar. (Eduardo Ranedo)
Escenario San Miguel / Hermano / 19:45 h.
Sin discusión alguna, una de las grandes sorpresas de este festival. John García es una figura de culto para los seguidores de la saga Kyuss, y la expectación de verle por primera vez cantando en nuestro país fue ampliamente saciada. En escena, García muestra poderío y fuerza, pero se le ve relajado y tranquilo. Posee cierta aura de dios rockero, pero también de tipo cercano con el que uno se iría a tomar unas cañas. Y su voz sigue estando en plena forma, para deleite de todos nosotros.
Siendo un grupo cuyo estilo se suele meter en el saco de eso que llaman "stoner", Hermano tiene en vivo un sonido robusto y fuerte, pero nada saturado, en el que todas las partes de los instrumentos se perciben claramente. La banda suena como una unidad en la que no hay protagonismos, aunque, inevitablemente, todos los ojos están puestos en García. "Only A Sugestion", su disco de debut, es un buen trabajo, pero en esta actuación lo hicieron subir muchos, pero muchos enteros. Al final del concierto, uno tuvo la sensación de haber visto algo realmente grande. La banda salió muy motivada, a por todas, y poco a poco sus arenosos riffs fueron envolviendo al público, que los despidió con una gran ovación y con muchas ganas de más. "The Bottle", "Señor Moreno's Plan"... Uno a uno cayeron todos los títulos del único álbum del grupo, además de algunas sorpresas. La primera: un tema nuevo, dedicado a la policía y cantado por uno de los guitarristas (mientras Garcia aprovechaba para fumarse un porro ofrecido por un fan). La segunda: una magnífica cover de "Where Eagles Dare", de los Misfits, con el estribillo algo más ralentizado que en la versión original. La siguiente lectura, el "T.N.T." de AC/DC, hizo mover el trasero a todo bicho viviente en más de dos kilómetros a la redonda. Pero todavía quedaba ese momento que todos estábamos esperando. La impresionante interpretación del "Green Machine" de Kyuss dejó extasiados a los fans más acérrimos de García, y con una amplia sonrisa al resto del público. Un final impecable para un concierto perfecto que nos dejó a todos con la miel en los labios. Chapeau. (M.A. Velaza)
Escenario Azkena / Teenage Fanclub / 20:45 h.
Cada vez estoy más convencido de que a Teenage Fanclub sólo les queda superar un obstáculo para convertirse en uno de los grupos clásicos de la historia del pop, y ese obstáculo es la contemporaneidad. Lo pude comprobar de nuevo en Vitoria, viendo a cientos de personas corear himnos que ya resultan imperecederos, y melodías que revolotean en nuestra cabeza una y otra vez. Cuando pase el tiempo y veamos todo con perspectiva, nos daremos cuenta de que Teenage Fanclub constituyen otro eslabón en esa cadena de melodías + armonías vocales + guitarras que comenzaron grupos como los Byrds en los 60, continuaron Big Star en los 70 y ha llegado a su plenitud en nuestros días gracias a los escoceses. Conscientes de sus influencias y mimetismos, Teenage Fanclub han aportado algo que hasta estos últimos tiempos no está siendo reconocido: a base de recrear sonidos pasados desde un punto de vista actual, han conseguido un sonido propio, lo que hace que al escuchar a determinados grupos (como Cosmic Rough Riders, o nuestros Happy Losers), se diga que suenan a Teenage Fanclub, en lugar de que suenan a los Byrds. Si no vemos esto como un logro para considerarlos clásicos, estamos siendo injustos con ellos.
Tras 14 años de carrera, con conciertos buenos y malos (¿quién dijo que los Byrds no daban malos conciertos?), discos mejores y peores, aciertos y desaciertos, Teenage Fanclub han llegado a un punto de madurez en el cual saben de sus limitaciones, pero también conocen sus virtudes. Estas últimas las han explotado al máximo en su última gira, brindándonos, una tras otra, algunas de las canciones que les han hecho ser lo que han sido a lo largo de este tiempo. Y digo "algunas" porque todavía son capaces de guardarse grandes temas en el tintero ("Radio", "Alcoholiday" y otros muchos que no tocaron), o de no hacer versiones, que ya sabemos que a menudo son apuesta segura.
En el Azkena, aparecieron como siempre, con la modestia que les caracteriza, con su habitual ausencia de pretensiones (aun pudiendo llenarlas con hechos constatados como son sus canciones) y con una cercanía con el público que transmitieron desde el momento mismo que pisaron el escenario. Ayudados por Francis MacDonald a la batería (el alma máter de BMX Bandits y Nice Man, y miembro original de la banda), fueron interpretando piezas de toda su carrera, desde las primerizas "God Knows It's True" y "Everything Flows" hasta las más recientes "I Need Direction" y "Ain't That Enough", pasando por "Star Sign", "About You", "Neil Jung" y "Don't Look Back", y tocando incluso una inédita del recopilatorio que les han publicado recientemente. Con todo, siguieron prescindiendo en directo del infravalorado "Thirteen". Una auténtica pena.
En cuanto a la ejecución, también les vimos como siempre, imperfectos y espontáneos. Nunca les ha importado parar una canción en caso de que una guitarra esté desafinada o en caso de equivocarse. Para algunos, una falta de profesionalidad. Para otros, una demostración de naturalidad y, quizás, de perfeccionismo. Esta vez no fue algo tan exagerado como en otras ocasiones, y sólo les pasó en "I Don't Want Control Of You", donde una guitarra sonó desafinada (aunque por lo menos yo se lo perdono). Todo ello con un sonido excelente, como el de resto de grupos del festival, con unas voces casi perfectas e interpretando fielmente todo el repertorio que emocionó a un público incondicional que no paró de corear cada tema.
Para el final, como perfecto colofón de la noche, guardaron "The Concept", en su versión "corta", eso sí, empalmada con "Satan", para sorpresa de muchos. Y después de volver a verlos, me sigue quedando la sensación de haber estado disfrutando de unos músicos a los que la historia pondrá en su sitio y que, en el futuro, serán reivindicados con tanta fuerza como muchos reivindicamos hoy a Big Star, Raspberries o Left Banke. Entonces nos sentiremos agraciados por haber podido contemplarlos en directo en plenitud de facultades, como les vimos el sábado. (Power Pep)
Escenario San Miguel / Steve Earle & The Dukes / 21:45 h.
Steve Earle nos visitaba por tercera vez este mismo año, si bien, en esta ocasión, en concierto eléctrico acompañado por los Dukes, con el ex Del Lords Eric Ambel (poseedor del secreto de la eterna juventud, derrochando clase y saber estar) y con un bajista baciloncete que no pegaba ni con cola. En su hora y pico de actuación, el forajido Earle, que dejó claro que su adelgazamiento no ha de preocuparnos, fue convidándonos a tragos de bourbon de prácticamente toda su discografía, de su época pre y post afición al temita duro y a las recortadas, haciendo hincapié en su último trabajo, "Jerusalem", con balazos como "Amerika V. 6.0 (The Best We Can Do)", "Ashes To Ashes" o "John Walker's Blues". Sin dejar hueco para versiones, también sonaron "I Feel Alright", la legendaria y fronteriza "Taneytown", "Here I Am", "Someday" o "More Than I Can Do", cerrando en el bis con la coreada "I Ain’t Ever Satisfied".
Hubo tiempo para que los Dukes dejaran al maestro a solas con su guitarra acústica, en temas espeluznantes como "Billy Austin" o "My Old Friend The Blues", durante los cuales a más de uno se le saltaron las lágrimas. También se arrancó con la mandolina (algún impertinente presente, merecedor de la horca, se atrevió a insinuarle que cantara "Clavelitos"...), atacando uno de sus clásicos: "Copperhead Road".
Un pequeño lunar en su actuación pudo ser, aparte de pequeños e incómodos problemas con el sonido, dedicarle al tapón Manitoba y sus muchachos su "N.Y.C.", mientras que el difunto Johnny Cash aguardaba en el infierno algún recordatorio. Aunque, bien pensado, el canalla Steve tendría sus razones. (Ignacio Fernández)
Escenario Azkena / The Hellacopters / 23:30 h.
Saltaron al escenario rodeados de cámaras para la grabación de un vídeo clip (aunque hubo quien habló de también un DVD en directo) y con un sonido pobre en volumen que no hizo ninguna justicia a su rock poderoso. No pudieron superar lo ofrecido dos semanas atrás en el Serie Z (a juicio de muchos, su mejor actuación en nuestro país hasta la fecha), pero cumplieron con creces. No lo tuvieron complicado con su repertorio cargado de canciones que ya saben a clásico y con la enorme compenetración que exhiben sobre las tablas desde hace tiempo. Su set hizo mayor hincapié en sus dos últimos trabajos, aunque no olvidó repasar el resto de sus álbumes. Dejaron para el final una contenida versión del "Search & Destroy", que muchos vimos ya desde las enormes pantallas del otro escenario, mientras esperábamos la salida de Ray Davies, y que quedó ensuciada por la inevitable presencia de Texas Terri y su físico recauchutado. ¡Por favor, que alguien la deporte de una puta vez! (J.F. León)
Escenario San Miguel / Ray Davies / 01:00 h.
Si la ciencia avanza hacia la clonación de seres humanos, la naturaleza se ha encargado ya de lo que, pedestremente, podríamos llamar "anticlonación", es decir, de producir negativos, y así el de Iggy Pop es Ray Davies. Indómito, exhibicionista, intuitivo y feroz, el primero. Observador, ambiguo, irónico y sutil, el segundo. Todas estas cualidades son apreciables a los 20 años, pero el paso del (mucho) tiempo ha desteñido unas – las de Iggy–, mientras otras –las de Ray– se han fortalecido.
Viene esto a cuento de la hermosa actuación de Ray Davies en un concierto que, vaya por delante, fue irregular. Davies, elegante, blazer marino y bufanda a juego, empezó acústico con el repóker "A Well Respected Man"/"Waterloo Sunset"/"Sunny Afternoon"/"Dead End Street", en el que le vimos jovial, comunicativo y con una voz en excelente estado. Ya con la banda al completo, atacó "Victoria", uno de los grandes momentos de la noche. Y fue ahí, con el público entregado, cuando se enredó: a una larguísima "20th Century Man" le siguieron las novedades "Stand Up Comic" (en una línea music hall) y "The Morning After" (fallida al faltar la guitarra de Ira Kaplan –Yo La Tengo–). A "I´m Not Like Everybody Else" le sobró la arenga proindividualismo y le faltó la fuerza del hermano Dave, que cantó el original en 1966. Tampoco la reciente "The London Song" estuvo a la altura.
Salió del atasco con "Where Have All The Good Times Gone?", espléndida, pasando a momentos más tranquilos de sing-a-long con "Tired Of Waiting For You" y "Set Me Free". La cima de la noche –y del festival– se alcanzó con una bestial "All Day And All Of The Night", que ni con los Kinks. Continuó con "Celluloid Heroes", preciosa, y acabó (mal) con "You Really Got Me", donde más añoramos a Dave Davies. Para el bis más reclamado del fin de semana, Ray se guardó una versión algo almibarada de "Days" y la traca final que siempre es "Lola", llena de fuerza, de energía.
Estaremos de acuerdo con los más críticos en que el show presentó altibajos, pero no nos ceguemos: a esos altos sólo llegan 3 o 4 glorias. Y Ray Davies es una de ellas, si no la primera. (Alfonso M. M.)
Escenario San Miguel / The Dictators / 03:00 h.
Hay que tener lo que hay que tener para salir a actuar a las tres de la mañana, tras dos días de intensos conciertos, y ponerlo todo patas arriba. Y los Dictators demostraron de sobra que lo tienen. Lo cierto es que no puedo afirmar si la suya fue o no una buena actuación. Aquello, más que un concierto de rock & roll, fue una bacanal. Vasos, botellas, guitarras hinchables y personas volaban de un lado a otro, mientras las primeras filas se convertían en una frenética danza bañada en sudor. Los Dictators habían llegado a la ciudad, y la fiesta no había hecho más que comenzar.
Sigo echando de menos la segunda guitarra, sobre todo en algunos temas, pero quizá no tanto como en su última visita por estos lares. Aunque con un repertorio que incluye "Pussy And Money", "Baby Let's Twist" o "(I Live For) Cars And Girls", y con esa fiera que es Ross "The Boss" a la guitarra, cubierto por el genio de Andy Shernoff, nada puede salir mal. Y bueno, ¿qué decir de Manitoba? Encarándose al público, moviéndose sin parar de forma muy expresiva mientras ponía voz a esas festivas y entrañables melodías... También hubo un hueco para un tema de Manitoba's Wild Kingdom, "The Party Starts Now!!", en un show lleno de acción y diversión. El broche de oro para un gran festival. Y este noviembre The Dictators vuelen de gira a ésta, su segunda casa. Ah, ¿no es bella la vida? (M.A. Velaza)
Autor: Sonic Wave Team
Copyright Sonic Wave Magazine 2009






.gif)