Conciertos

 

18-02-2015

Austin Lucas. Sala Siroco, Madrid.


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¿Extraño? , ¿desconcertante? , ¿brillante? , ¿molesto?, ¿genial?... Muchos adjetivos podrían calificar este concierto. Siempre partes de una primera idea con respecto a la información que tienes, somos seres de impresiones y en base a ello solemos prejuzgar, es algo natural y antropológico. Por esa misma razón, nunca hubiese previsto la situación que se dio el pasado jueves en la Sala Siroco de Madrid. Íbamos a ver a unos tíos tocar country folk y bluegrass, el primero de ellos era Aaron 'Cruz' Persinger, miembro de The Reverend Peyton's Big Damn Band. El ambiente de la sala era bueno, podías estar a gusto tomando tu birra y disfrutar de las canciones que Persinger tocaba, haciendo reverencia a la esencia de su banda y calentando el ambiente previo a la entrada de Austin Lucas. La atmósfera de Indiana nos invadió y nos situó durante unos minutos en otro lugar, en alguna otra parte en algún otro momento. Persinger cerró su preludio, cogió su birra y se bajo del escenario para ver a su colega Austin Lucas. Desde ese momento no sé muy bien que pasó. Austin subió al escenario se armó de su guitarra y empezó a recitar sus canciones, desde su último álbum “A New Home In The Old World” a “Stay Reckless”, donde sobresalió el tema de “Alone In Memphis”. No puedo negar haber visto un concierto en el que el cantante muestre una actitud tan profesional y amable con su público como éste. Cuando Austin tomó lugar en el escenario, la sala estaba repleta, había conseguido llenar por completo. La mayor decepción de la noche fue la gente que había en el concierto y la falta de organización por parte de los responsables de la sala. El público, irritante y maleducado. Sí, vale, siempre tienes a ese grupo que te grita al oído la canción que tratas de escuchar del tío que has ido a ver y al que quieres escuchar, no al que tienes vociferando al lado tuya, y si lo haces, al menos hazlo bien. Por otro lado, te encuentras con el grupito de turno, que va a un concierto a contarse sus batallitas y anécdotas del día sin importarles que haya un artista subido a un escenario cantando a capela. Y es vergonzoso que el equipo de sonido y demás responsables pidan silencio en una sala que es reducida, que tiene un sonido alucinante y donde puedes disfrutar de un concierto realmente bueno, cercano y acogedor. Y me repito en esto, el sonido de la sala era brutal, tenía una calidad muy buena y un músico mejor aún sobre el escenario. El otro altercado de la noche, la organización de la sala. Si alguna vez habéis estado en este lugar, sabréis que tiene dos salas, una arriba y otra abajo. Nuestro concierto era en la planta de abajo, bien, si tienes un concierto justo abajo, no puedes poner música en la planta de arriba a unos decibelios de Rave! Esto no sólo entorpecía el concierto, sino también a los propios responsables del mismo que también tuvieron algún que otro calentón con los miembros de la sala. Esta situación por suerte, sólo se dio hacia el final de la noche, pero aún así, rebobinando esta vieja cinta, retomo las palabras anteriores para dejar firma de ello, Austin Lucas es un músico bestial. Se nota cuando un artista tiene tablas, y éste es uno de ellos, un tipo que no se inquietó ni molestó por nada, con su guitarra y su voz nostálgica nos cantaba anécdotas de tiempos pasados, tal vez añoranza de un tío que a sus 36 años ya posee una vida bastante curtida. 

A pesar de los incidentes, Austin agarró a Aaron Persinger, se bajó del escenario y terminaron los dos tocando y cantando a capela entre la gente como si fuese una fiesta en la que todos fuimos colegas durante unos momentos. Lo que no pueda unir la música…

Autor: Cristina Sánchez García

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