Entrevistas

 

11-06-2026

Antonio Arias, convocando a las llamas


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Nos avisaba Antonio Arias (Lagartija Nick, 091...) en la ultima entrevista que mantuvimos que llevaba tiempo trabajando en un nuevo proyecto, Mawlid, acompañado por Moncho Rodríguez. Hace unas semanas salía a la luz Mapas del Trance que sintetiza varios años de exploración en la música Gnawa Marroquí. Una cultura de raíces subsaharianas origen del blues. Artistas de la talla de Arafa Chaara, Khalid Sansi, Bachir Attar (The Master Musicians of Jajouka), Tarwa N Tiniri o Miguel Ríos  se unen a estas nuevas canciones. 

Antonio, el título Mawlid evoca una fuerte conexión con las raíces mediterráneas/orientales. ¿En qué momento nace la necesidad de crear este disco y qué significa para ti este trabajo en tu carrera actual?

Con el proyecto Mawlid empezamos Moncho Rodríguez y yo musicando unos poemas de Ibn Al Jatib, políglota del siglo XIV. Eso me llevó a estudiar más profundamente las conexiones entre Granada y Marruecos y enseguida apareció la música Gnawa. Esa cultura atrajo a bastantes de mis ídolos en su momento, William Burroughs, Brian Jones, Paul Bowles etc, además de ser la base del blues y otras músicas. También tenía la necesidad de despojarme de la influencia sajona y aprender a componer de una nueva forma, parecido a cuando me junté con Morente, buscarme donde no me conozco.

Granada siempre ha sido puente entre Oriente y Occidente. ¿Cómo dialoga Mawlid con ese pasado andalusí y con la Granada del siglo XXI?

Al Andalus sigue teniendo una presencia cultural enorme en Marruecos, lo puedes comprobar en cuanto pisas Tánger o, sobre todo, Tetuán. Allí siguen cantando los poemas de Ibn Al Jatib, y el nombre de Granada está asociado a un estilo musical. Más que un pasado común hay un presente común. Esa posición estratégica de nuestra ciudad hace que no podamos ni queramos darle la espalda a África, la necesitamos. No me reconozco en esta Andalucía tan racista y xenófoba, eso nos convierte en los verdaderos extranjeros de nuestra propia tierra.

¿Qué nuevos instrumentos has querido explorar en este nuevo álbum?

La iluminación de este trabajo es el Guembri, un antepasado del bajo de raíces subsaharianas que no sólo acompaña al cantante, canta en sí mismo. Tuve la suerte de encontrar un maestro en Granada que me enseñó y me sigue enseñando el repertorio clásico gnawa. Si me juntaba con los músicos de allí a través del guembri nos encontraríamos antes que si me presento con un bajo eléctrico o con ideas musicales colonialistas. Ellos están hartos de eso. Lo comprobé en cuanto nos juntamos en el primer ensayo. Todo fluía, y mira que yo estaba aprendiendo el instrumento, para ellos no fue un obstáculo, todo lo contrario, enseguida me ensañaban nuevas canciones.

¿Quiénes te han acompañado en el estudio para dar vida a Mawlid y qué ha apartado cada uno a la personalidad del disco?

Tuvimos la oportunidad, a través de los Institutos Cervantes de Marruecos de realizar una serie de conciertos en cinco ciudades, ese ciclo se llama “Noches de Ramadám”. Ya habíamos compuesto un buen montón de canciones de inspiración gnawa y la presentamos por primera vez ante un público mixto que lo acogió de manera entusiasta. La idea desde un principio era grabar esas canciones en aquellos conciertos para que tuviesen ese sonido especial en Marruecos. En Tánger y Tetuán pudimos colaborar con el maestro (Maalem) Arafa Chaara y su grupo y en Marrakesh y Casablanca con Kahlid Sansi y su banda. Esas grabaciones en Marruecos son la base del disco. Luego lo completamos con nuevos viajes a Tetuán para grabar con Bachir Attar de The Master Musicians of Jajouka, quedó bastante completo, la verdad. De aquí está Miguel Ríos, su tema “Boabdil el Chico” fue de los primeros que adaptamos al modo gnawa y a él le encantó, es el chamán que bendijo el proyecto.

Mirando hacia atrás, sobre todo con respecto a Omega, ahora que está de aniversario, ¿consideras que Mawlid es causa o consecuencia inevitable de todo ese camino?

La experiencia de Omega me iluminó bastante en su momento, los trabajos artísticos deben hacerse con atrevimiento y esperar ese aliento que sólo sopla con la valentía. Los artistas debemos crear nuevas escenas, convocar a las llamas y esperar ese fuego purificador que se lo lleve todo por delante y haga surgir un panorama que antes no existía. Omega le pilló a todo el mundo de sorpresa, con el paso cambiado, porque nacía de una necesidad artística no dominada por compañías o intereses económicos. Con Mawlid ha pasado igual, qué mas da si la gente no conoce la música gnawa, para eso está este trabajo.

¿Cómo se va a trasladar la atmósfera creada con este disco a los escenarios?

Lo mejor es que el público pueda sentir lo que vivimos el año pasado en Marruecos. En septiembre haremos una serie de conciertos con Arafa Chaara y su grupo por diferentes ciudades de España. Confiamos mucho en la química que se crea en esta unión. Nos da la oportunidad de presentar el disco y de mostrar la cultura gnawa, con sus colores, su puesta en escena, su magia y su aspecto realmente sanador. La gente va a flipar, te lo aseguro, nunca verán nada parecido en sus vidas, y puede que estas cambien para siempre y empiecen a mira al sur como su nueva patria.

Para concluir, inevitable preguntarte, adelántanos algo de la gira 30 aniversario de Omega junto a Kiki Morente. 

Este 30 aniversario nos da la posibilidad de sumergirnos en el disco y trasladarlo al momento actual. La presencia de Kiki y su gente hacen que necesariamente se actualice y nuestra veteranía aporta tranquilidad al proceso. Omega sigue siendo un enorme trabajo, es un saturno insaciable al que de vez en cuando tenemos que dejar que nos devore.

Autor: Rafa García-Moreno

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