Conciertos

 

01-07-2010

AC/DC. Estadio San Mamés, Bilbao


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Tengo que reconocer abiertamente que no soy demasiado amigo del rock de estadios. Prefiero el calor abrasador de las pequeñas salas y el contacto directo con las bandas a muy pocos metros de ti o incluso que se abalancen sobre uno. También reconozco que bandas como AC/DC y otras que acostumbran a frecuentar los enormes recintos, no podrían tocar en esos espacios reducidos más que en citas especiales y eventos puntuales. Bueno, pues a pesar de ello debo reconocer que disfrute como un enano del que pudo ser el último concierto de la trayectoria de los australianos. Por cierto que había muchos enanos con sus padres que iban a disfrutar de los viejos maestros (al mío también le hubiera encantado, pero otra vez será). Brian Johnson se declara viejo y cansado ya de tanto trajín. No en vano esta gira de “Black Ice”, su digno último álbum, ha durado un total de año y medio para 168 conciertos. Bueno, pues en escena no se notó ese cansancio ni tampoco que esté ya por encima de los 60. Sería que estaban contentos y exultantes por acabar y porque tenían a todas sus familias para hacer una fiesta íntima para celebrar la conclusión de la que pudiera ser su última gira. Lo cierto es que se le vio bien de aspecto y su voz sigue crujiendo como lo ha hecho siempre. El otro lógico y habitual protagonista, Angus, también se mostró pletórico y entregado. Entre ambos, y bien respaldados por sus habituales compinches nos entregaron dos horas y 19 clásicos de puro hard-rock y rock’n’roll. Tras saludar a Bilbao y decir que venían a tocar un poco de rock'n'roll empezaron su habitual descarga con el "Rock N' Roll Train". Del repertorio de sobras conocido sólo se ha incluido como novedad agradable con respecto al anterior concierto del pasado año en Bilbao, la potentísima y coreada “High Voltage”. Todo un acierto más. Al comienzo también cayó una potente "Back in Black", más todos los habituales clásicos de siempre con "Highway To Hell" y "Let There Be Rock" a la cabeza. En esta última con momentos estelares para el gran Angus. El final fue para  los cañones de "For Those About To Rock" y por buscar alguna pega, no hubiera estado mal que tratándose de su posible despedida, hubieran soltado un bis por ahí. Muchas actuaciones de estadios tienen más de parafernalia y de espectáculo circense que de música. Es el caso de los Kiss, que si no te motiva en exceso su música, puedes disfrutar de todo el rollo visual. Los Stones van más a lo musical. Será por lo pesetas que es el Jagger y para economizar en gastos y aumentar ganancias. Los australianos nos mostraron sus habituales recursos visuales. El tren, la muñeca hinchable gigante, el strip-tease del colegial Angus, las campanas del infierno, los cañonazos y la pirotecnia final. Pero por encima de todo ello brilló su música, su entrega y su pasión que todavía se hace sentir. Quizás por eso su actuación sin fisuras y sin bajones de ritmo ha sido la que más he disfrutado jamás en un recinto de estas características. Si al final, no lo dejan y está en mi mano, trataré de verlos de nuevo porque me lo pasé en grande y siguen siendo una banda esencial del r’n’r. Siguen teniendo la magia y el poder de convertir un jodido y caluroso lunes en un refrescante y alcohólico sábado por la noche como sólo los más grandes pueden y saben hacerlo. Lo consiguieron para más de 37.000 personas y los muchos que se quedaron en la calle disfrutando del gran ambiente y de la marea de camisetas negras, casi masivamente de la banda australiana. Claro que luego el cuerpo al día siguiente quedó algo maltrecho por los excesos y por los intentos de subir a mi chica, Aura, sobre los hombros, rodeados pero no ayudados por el gentío. De sorprendentes teloneros ejercieron Los Perros del Boogie, apropiada y divertida banda en la onda de M-clan o Burning y que contó hasta con el gran Carlos Tarque como vocalista invitado en una canción.

Fotografía: Dena Flows

Autor: Txema Mañeru

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